P R Ó L O G O

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Nunca llegan por accidente, aunque es lo primero que ellos creen cuando son atraídos por la niebla. En el mar, cualquier rastro de dirección puede ser borrado sin darse cuenta. Siempre hay un momento, justo antes de que la isla aparezca, en que todavía piensan que pueden regresar, que todo ha sido un horrible accidente o una tormenta inesperada, pero ese momento desaparece cuando pisan la orilla y sienten, sin entenderlo del todo, que ese lugar ya los conoce.

 Yo también los reconozco; siempre son varios, cada uno distinto y al mismo tiempo iguales a los anteriores, como si el tiempo se hubiera cansado de avanzar y hubiese decidido repetirse con pequeñas variaciones, apenas perceptibles, suficientes para mantener la ilusión de que esta vez podría ser diferente.

Los observo desde donde la niebla se hace más densa, donde el sonido del mar llega amortiguado y las sombras no terminan de tomar forma y, por un instante, casi puedo convencerme de que no soy yo quien los espera, sino la isla misma, que respira a través de todo lo que en ella habita y empuja a cada uno de ellos hacia el mismo destino.

Sin embargo, cuando bajo la mirada y veo la cámara marcada por usos que no logro recordar del todo, entiendo que no hay nada en este lugar que ocurra sin mí, que no hay llegada sin alguien que la provoque y que, aunque todavía no haya ocurrido, aunque sus rostros sigan intactos y sus voces conserven esa absurda confianza en que todo tiene una explicación, el final ya ha empezado a tomar forma, repitiéndose con una precisión inquietante como si el mundo entero se redujera a este instante que vuelve una y otra vez, esperando, siempre, que algo cambie.

El Eco de las SombrasHistórias para pegar e não largar. Descubra agora