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La casa estaba tranquila

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La casa estaba tranquila.
Los niños jugaban con entusiasmo mientras Kimberly estaba sentada en el piso con las piernas dobladas hacia un lado, sonriendo suavemente mientras los veía. Tenía el cabello suelto y despeinado, y la misma pijama que había usado la noche anterior.

— Espera un momento —murmuró suavemente, agarrando la mano de Juanito—. Así no, mira...

La puerta principal se abrió de golpe, haciendo un ruido seco que rompió el silencio. Kimberly no necesitó voltear para saber quién era.

Los niños apenas se dieron cuenta, pero Kimberly sí. Giró la cabeza y sus hombros se tensaron.

Juan de Dios entró con el ceño fruncido, mirando rápidamente la sala. Tenía la mandíbula apretada y una mano pasándose por el cabello antes de soltar un suspiro.

— ¿Y tú así? —dijo cortante, sin saludar—. ¿No que teníamos evento hoy?

Kimberly tragó saliva, pensando en qué hacer y cómo reaccionar. Luego se levantó despacio, evitando mirarlo directamente.

— Sí, amor... —dijo suave, acercándose un par de pasos—. Ya voy a arreglarme, todavía hay tiempo.

Él soltó una risa sin gracia, negando con la cabeza. Caminó por la sala con pasos largos, agarrando un juguete del suelo solo para dejarlo caer otra vez sobre la mesa.

— Siempre dices lo mismo, Kimberly, siempre —se quejó, mirándola de reojo—. Luego andas toda a las carreras y yo soy el que queda mal.

Ella respiró hondo antes de volver a hablar.

— No, de verdad, ya me voy a apurar. No te preocupes —pidió, intentando sonreír.

Él la miró en silencio, viendo si seguir con el show o no. Luego chasqueó la lengua y apartó la mirada.

— Más te vale.

El ambiente se quedó pesado, pero ella no dijo nada más. Simplemente asintió levemente y se dio la vuelta, subiendo las escaleras hacia su habitación. Ya en el cuarto, cerró la puerta con cuidado.

TU SANCHO | kim & jopStories to obsess over. Discover now