Cero.

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Dulce despreciable.
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En la clase A había personas que era imposible de ignorar, aspirantes a modelos, actores, artistas, atletas, grandes empresarios o magnates, eran una clase que inevitablemente se robaba la atención de los demás cursos.
Muchos de ellos alegaban que la belleza de los hombres del curso A era el principal foco de atención, las chicas no se quedaban atrás, entre las más codiciadas estaba la heredera de la familia Yaoyorozu, quien a demás de poseer una gran inteligencia su cuerpo era destacable; con tan solo tener de referencia a esa chica y al hijo de "Endeavor" -un actor y empresario famoso- todos creerían que sus demás compañeros estaban a la altura del par, y, realmente no se equivocaban, ¿O sí?
¡No, por su puesto que no! Con tan solo conocer a Bakugo Katsuki o Izuku Midoriya se darían cuenta que pensar aquello era una perdida de tiempo, toda la clase era maravillosa.

Con la excepción de alguien.
Su presencia era nula, su voz a penas era audible, su apariencia era atroz y su torpeza la hacían una inútil.
Claramente ella no pertenecía a ese grupo y, sin embargo, se mantenía en este entre las sombras, en fotos grupales a penas y notarias de su existencia, en reuniones escolares estaría ahí pero nadie la notaría, en cualquier lado siempre desencajaba.
Y sin embargo... A pesar de ser un fantasma había personas que la tenían en la mira, la conocían, interactuaban con ella e incluso estaban por y para ella.
¿Lo curioso? Es que ella les tenía cierto temor.

- Fíjate, idiota. - El chillón tono de voz de una chica llamó la atención.

En medio del pasillo un grupo de fans no dejaban pasar a las personas y, cuando una trató de entrar a su salón la chica la empujó haciéndola tropezar.
Las risas de sus amigas resonaron con diversión, la azabache volvió a levantarse, sacudió la falda que le llegaba debajo de las rodillas e hizo una reverencia, su voz ni siquiera logró distinguirse entre los murmullos y risas de los demás.

- ¿Qué dijiste? - Volvió a empujarla y la azabache colocó ambas manos sobre su cabeza. - ¡Oe, perra te estoy hablando!

Cuándo su mano se alzó sobre su cabeza dispuesta a golpearla alguien la detuvo, la chica levantó la mirada molesta, sin embargo, rápidamente un sonrojo abarcó sus mejillas, se inclinó ante el chico que sostenía su mano con rudeza, incluso cuando el dolor punzaba en su muñeca la emoción que sentía en ése momento dejaba en segundo plano su sufrimiento.

- ¿T-todoroki-senpai? - Casi gimió el nombre del chico de cabello bicolor. - M-me está lastimando... - Murmuró sin que su sonrojo se borrará.

El de heterocromia la empujó a un lado sin delicadeza alguna, la rubia inmediatamente fue atrapada por el grupo de sus amigas que veían con la misma intensidad al varón.

- Amai. - Su ronca y cortante voz llamó el nombre de la azabache que seguía viendo el piso. - ¿Qué estás esperando? Tengo una tarea pendiente para ti.

Las chicas que estaban al costado del Todoroki jadearon con sorpresa e incredulidad, la de cabellos cortos asintió sin poderle ver; Shoto se quedó quieto, estaban a nada de entrar en su aula y sin embargo la chica a penas y avanzaba, suspiró cuando la chica pasó a su lado con rapidez.

- Gracias... - Fue el susurro a penas audible de la más baja antes de entrar al salón.

Entre murmullos y cuchicheos de los presentes en el pasillo, Todoroki los ignoró a pesar de que ciertos comentarios sí que los guardó para él.

"No me jodas que esa perra hace las tareas de Todoroki-senpai."
"¡Por supuesto que sí, tonta! ¿Acaso crees que alguien como ella tendría oportunidad con alguien cómo él?"
"¿No la vistes? Parecía monja."
"Pfft- ¿Monja? Por un segundo creí que era la de limpieza."

Invisible. Stories to obsess over. Discover now