Parte I

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La luz quemaba sobre sus párpados. Sentía una inexplicable calma, una calma que no había sentido desde hacía un mes, desde que Itadori murió.

No se permitía estar tan tranquilo como en ese momento. Se mantenía ocupado con mandados y misiones, cualquier excusa para olvidar cómo Sukuna había metido la propia mano de Itadori en su pecho y le había arrancado el corazón.

Estaba acostado en medio del patio, con la luz del sol directamente sobre su rostro. Disfrutaba de la sensación del sol sobre su piel, del sonido del viento rozando el pasto y del aroma de la tierra húmeda que habían dejado los aspersores al regar el jardín esa mañana.

Fue fácil olvidarlo todo, aunque solo fuera por un momento. Pero las pesadillas seguían ahí. Cada noche le devolvían la sensación de pavor que lo había invadido al tener a Sukuna frente a él y la impotencia de no haber sido lo suficientemente fuerte para salvar a Itadori.

—Fushiguro —la voz de Kugisaki lo hizo reaccionar—. Maki-san me mandó a buscarte. Tienes entrenamiento con ella hoy.

Parpadeó, quedándose aún en el pasto, mirando a Kugisaki, que estaba igual de molesta que siempre.

—¡Vamos, Fushiguro! —dijo Kugisaki, cruzándose de brazos. No puedes quedarte todo el día tirado en el pasto como una planta.

Él suspiró, pero se incorporó sin decir nada.

—Vamos —murmuró—, mientras Kugisaki entornaba los ojos y los guiaba al patio de entrenamientos. Megumi se preguntaba qué tan diferentes serían las cosas si Itadori siguiera con vida.

El olor a sudor le golpeó la nariz al entrar al patio de entrenamiento. El sonido del bastón de Maki, que se movía con precisión, se escuchaba cada vez más fuerte a medida que se acercaba. Desde el otro extremo, podía ver a Panda e Inumaki enfrentándose. Llevaban todo el mes entrenando; el evento deportivo se acercaba y necesitaban mejorar. Era la oportunidad perfecta para fortalecerse. No había podido salvar a Itadori. Eso lo perseguiría siempre. Su objetivo había sido proteger a los demás y había fallado: le falló a Itadori y se falló a sí mismo.

—Megumi, sigues distraído —la voz de Maki lo devolvió a la realidad antes de que el bastón impactara en él, obligándolo a perder el equilibrio.

Ahora los dos estaban en el suelo, forcejeando. Solo se escuchaban sus respiraciones agitadas mientras el polvo que sus cuerpos levantaban se removía sobre el suelo. Maki retrocedió lo suficiente como para volver a azotarlo contra el suelo.

—Estarías muerto si esto fuera una pelea real, Fushiguro.

—Quítate.

Maki no retrocedió esta vez; se impulsó dejando caer su peso sobre Megumi de nuevo.

—Saca tu cabeza de las nubes. Llegas tarde.

Fushiguro clavó el pie en el suelo y se impulsó rápidamente para desequilibrar a Maki. Girando sus cuerpos, rodaron por la tierra hasta quedar arriba de ella, forcejeando por quién tendría el control.

—Por fin estás poniendo atención.

Maki no dudó ni un segundo. Giró sus muñecas con fuerza, rompiendo el control que Megumi tenía sobre ella. Entrelazó sus piernas con las suyas y volvió a girar los cuerpos; ahora ella tenía el control. Llevó su mano al costado, donde había dejado su bastón, y lo sostuvo contra su pecho.

—Eres muy lento.

—Tch.

Se incorporó cuando Maki quitó el bastón de su pecho.

El sudor de su frente se deslizaba por sus mejillas mientras se dejaba caer fuera de la cama. No soportó más.

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⏰ Last updated: 7 days ago ⏰

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