La flor

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- Kaguya, deja de ser tan ingenua, me pones de mal humor. - soltó Haruto, ajustándose los puños de la camisa con calma. - Nadie allá afuera va a tener la paciencia que yo te tengo para lidiar con tus fallas. Eres mi proyecto más valioso, mi joya, y no voy a permitir que nadie más te arruine después de todo lo que me ha costado moldearte a mi medida.

Se acercó a ella, invadiendo su espacio personal hasta que pudo sentir su respiración.

- No me obligues a recordarte que, fuera de esta burbuja que construí para ti, no eres absolutamente nada, ¿entiendes?

Como siempre, ella solo asintió.

Era más fácil seguirle la corriente que detenerse a pensar... o al menos eso se decía para no complicarse más de lo necesario. 

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Normalmente no solía afectarle tanto ese tipo de cosas, pero esas discusiones con Haruto siempre terminaban llevándola a lugares incómodos... a ese punto donde Kaguya necesitaba aire, espacio y algo que detuviera el ruido incesante en su cabeza. 

Su solución era caminar durante horas bajo la lluvia de Londres, dejando que el agua fría le calara hasta los huesos como si eso pudiera, de alguna forma, poner orden en el caos de sus ideas.

¿Le ayudaba igual? Bueno... lo suficiente como para seguir haciéndolo, al parecer.

Y, aunque no quisiera admitirlo, tampoco deseaba que sus pasos la guiaran -como inevitablemente pasaba cada vez que discutía- hacia ese lugar. Porque sabía perfectamente lo que encontraba ahí... y lo fácil que era empezar a depender de ello cuando todo lo demás se volvía demasiado ruidoso.

Abrió la puerta de la cafetería, sacudiéndose el agua con movimientos que no lograron mucho más que empeorar el desastre. 

Tin-tin.

El tintineo de la campana la hizo fruncir apenas el ceño; sonó más fuerte de lo normal, o quizá era ella la que estaba demasiado sensible. Miró en varias direcciones, enderezando la espalda y suavizando sus facciones en un intento poco convincente de parecer alguien que simplemente venía a trabajar.

No era muy convincente.

Parecía alguien que se había perdido en el camino y había terminado ahí por accidente, pero al menos mantenía la compostura lo suficiente como para no admitirlo.

- Te ves terrible. - soltó Bell Cranel, frunciendo ligeramente el ceño mientras la veía llegar. - O sea, no "terrible" de aspecto, porque eres... bueno, tú. Me refiero a que pareces un fantasma que acaba de salir de un naufragio. ¿Eso ayudó en algo o solo lo arruiné más?

Se detuvo medio segundo, como si acabara de escucharse a sí mismo por primera vez.

- Lo que trato de decir... - suspiró, rindiéndose con una honestidad torpe. - Es que te ves agotada, ¿Necesitas ayuda?

Kaguya lo miró fijamente.

Lo normal habría sido desviar la conversación, responder algo seco y seguir con lo suyo. Era lo que hacía siempre, así que... ¿por qué no lo estaba haciendo ahora?

Por un momento, las palabras de Haruto dejaron de tener tanto efecto. El calor del local, el olor a café y, sobre todo, la forma en la que Bell la miraba -sin insistir, sin esa necesidad de sacarle una respuesta- hicieron el resto. No parecía estar evaluándola ni esperando que dijera algo "correcto". 

Solo estaba ahí.

Y eso, por algún motivo, hacía todo más fácil de lo que debería.

Kaguya exhaló un suspiro apenas perceptible, dejando que los hombros se le relajaran. Parte de ella le dijo que no se acostumbrara a eso, que no era buena idea empezar a depender de algo tan simple... pero tampoco hizo mucho por detenerlo.

Y entonces, rompiendo con su habitual máscara de indiferencia, sonrió.

No fue una sonrisa amplia ni forzada; fue un gesto pequeño, casi privado, pero genuino.

Bell parpadeó, totalmente sorprendido. 

Se quedó un segundo en silencio, como si no supiera muy bien qué hacer con eso.

- Ah... vale, eso es nuevo. - murmuró él, rascándose la nuca mientras intentaba procesar lo que acababa de pasar. - Supongo que voy por buen camino. Al menos hoy no parece que quieras usarme de tiro al blanco con lo primero que encuentres, y eso ya cuenta como una victoria importante para mí.

Kaguya no respondió enseguida. Se quedó mirándolo un momento más de lo necesario, como si estuviera evaluando algo que no terminaba de entender del todo.

¿Desde cuándo eso le resultaba... agradable?

...Mejor no pensar demasiado en eso.

Flor casi marchitaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora