Introducción

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Hace muchos años, en lo alto de un valle rodeado de lava y montañas oscuras, se alzaba un castillo imponente, hogar del temido rey de los Koopas: Bowser, un alfa de linaje puro, cuyo olor a azufre y hierro fundido hacía que incluso los alfas más valientes bajaran la mirada.

A simple vista, Bowser lo tenía todo.

Poder, riquezas, un ejército leal y un reino entero bajo su dominio. Su presencia imponía respeto, su voz hacía temblar los muros, y su nombre era conocido incluso en los rincones más lejanos del Reino Champiñón.

Pero, a pesar de todo... su corazón permanecía vacío. Y un alfa sin propósito, en el fondo de su instinto, es un alfa peligroso incluso para sí mismo.

Una noche, durante una tormenta que hizo rugir los cielos y estremecer la tierra, alguien llamó a las puertas del castillo.

Era una pequeña Toad anciana, empapada por la lluvia, con la voz débil y el cuerpo tembloroso. A pesar de su aspecto, Bowser percibió algo extraño en ella: su olor era... neutro. Como si no tuviera estatus. Eso era imposible. Todo el mundo tenía uno. En sus manos sostenía un objeto que brillaba suavemente, incluso en medio de la oscuridad.

Una estrella.

No una estrella cualquiera... sino una Estrella de Poder.

—Por favor... —suplicó ella, y su voz temblaba como la de un omega en celo, pero sin las feromonas que lo acompañaban. Algo no cuadraba—. Déjame entrar. A cambio, te ofrezco esto.

Bowser observó la estrella con desinterés. Para él, aquello no era más que un objeto común. Había visto cientos iguales.

—¿Crees que puedes comprar mi hospitalidad con eso? —respondió con desdén—. No necesito tus baratijas.

La anciana insistió, advirtiéndole que no se dejara engañar por las apariencias... que incluso lo más pequeño podía tener un valor inmenso.

Pero Bowser, cegado por su orgullo y por su naturaleza alfa que no se rebajaba ante mendigos, la rechazó sin pensarlo dos veces.

El aire cambió.

La tormenta se detuvo de golpe.

Las feromonas de Bowser, que siempre impregnaban el castillo como una segunda piel, fueron borradas en un instante por un poder mucho más antiguo.

Y entonces... la anciana se irguió.

Su forma comenzó a brillar, creciendo en luz y presencia, hasta revelar su verdadera identidad: una poderosa hechicera.

Su olor se volvió inabarcable, como si fuera alfa, omega y beta al mismo tiempo. Como si estuviera más allá de las reglas de la naturaleza.

Sus ojos, llenos de decepción, se posaron en Bowser.

—Has demostrado que no puedes ver más allá de lo evidente.

Antes de que él pudiera reaccionar, la hechicera levantó la mano, y la estrella comenzó a flotar en el aire, girando lentamente.

Una magia invisible recorrió el castillo.

No hubo explosión.
No hubo gritos.
No hubo transformación física.

Pero algo... cambió.

Bowser sintió un vacío en su pecho. Como si algo hubiera sido arrancado de su esencia alfa. Su olor... seguía ahí, pero ahora los demás lo percibirían distinto.

—No te convertiré en una bestia —dijo la hechicera con voz firme—. Porque ya lo eres, en la forma en que eliges ser.

Bowser frunció el ceño, confundido.

—A partir de ahora —continuó—, el mundo no verá lo que realmente eres... sino aquello que refleje tu corazón. Tu olor, tu presencia, tu rugido... todo será filtrado por el cristal de tu propia alma.

La estrella brilló con intensidad.

—Mientras permanezcas incapaz de amar y de ser digno del amor de alguien más, serás percibido como un monstruo... sin importar tu verdadera forma. Los omegas huirán de ti. Los alfas te desafiarán con más odio. Los betas te evitarán como a una plaga. No porque hayas cambiado... sino porque el mundo verá en ti lo que tú has elegido mostrar.

La luz se desvaneció.

El castillo quedó en silencio.

Bowser miró sus manos.

Seguían siendo las mismas. Su cuerpo... no había cambiado. Pero cuando los guardias se acercaron, sus miradas estaban llenas de miedo. Cuando intentó hablar... retrocedieron.

Uno de ellos, un beta que antes le servía con lealtad, murmuró: "Huelo... a podredumbre. Huelo a algo que no es un rey".

Cuando Bowser caminó por los pasillos... el eco parecía más pesado.

Algo invisible lo rodeaba. Algo que no podía romper con fuerza, ni con fuego, ni con poder.

Y lo peor de todo: su instinto alfa le exigía dominar, proteger, reclamar... pero cada vez que intentaba acercarse a alguien, ese alguien huía como si viera a un monstruo.

La estrella descendió lentamente y quedó suspendida en una cámara del castillo, protegida por magia.

—Cuando la luz de esta estrella se apague —dijo la voz de la hechicera, desvaneciéndose en el aire—, tu destino quedará sellado para siempre. Ningún omega podrá quererte. Ningún vínculo se formará. Y tu linaje alfa morirá contigo.

Y así...

El rey que lo tenía todo, lo perdió de la forma más cruel posible.

No porque cambiara...
sino porque el mundo dejó de verlo como algo más que un monstruo.

Con el paso del tiempo, el castillo fue evitado.

Las historias crecieron.

Los rumores se convirtieron en leyendas.

Y Bowser... quedó completamente solo. Un alfa sin manada, sin omega, sin propósito. Un rey sin nadie a quien gobernar.

Hasta que, años después, en un pequeño y tranquilo pueblo del Reino Champiñón...

alguien estaba a punto de entrar en su historia.

Un omega de mirada suave y delantal verde, que leía libros de aventuras mientras otros omegas tejían canastas. Alguien que, por alguna razón, nunca había aprendido a tener miedo de lo que los demás llamaban "monstruo".

Alguien que no vería con los ojos... sino con el corazón.

Su nombre era Luigi.

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Acabo de ver la nueva película y no pude evitar volver a enamorarme de la pareja q me gustaba desde hace tiempo

EL OMEGA Y LA BESTIACerita yang bikin terobses. Temukan sekarang