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Capítulo 0

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Un año antes

*desconocido*

Cómo amaba el ruido de las cadenas arrastrándose sobre el suelo húmedo. Específicamente las cadenas, que llevaba arrastrando en la mano.

La tormenta hacía vibrar los restos de la casa; el viento se colaba entre las paredes derrumbadas como si el lugar respirara. Pero era el paraíso que elegí para ella, que sé que amaba tanto como yo.

Amaba...

Abro la puerta a mi derecha, y mi mirada recae automáticamente sobre ese cuerpo inerte en el piso, estaba cubierta de sangre y mugre, su cabello rubio, antes impecable, ahora colgaba en mechones opacos sobre su rostro, no como aquella mañana que la conocí, y se volvió mi obsesión, para luego convertirse en mi juguetito.

Empecé siguiéndola, manteniendo siempre una distancia prudente; memoricé cada lugar que visitaba, hasta que me aprendí sus horarios, e intervine casualmente, un día de lluvia, dejándole mi paraguas, portándome como el caballero que soy.

Solía tener la misma rutina casi toda la semana. Sacaba a pasear a su caniche a las 6:30am, volvía a su departamento, para luego irse a trabajar de recepcionista en un spa de renombre en la ciudad, al salir, iba directo al gimnasio, y después volvía a casa.

Demasiado predecible.

Una lástima, había empezado a encariñarme.

Sin apartar la vista, me dirijo a la mesa que preparé para borrar las evidencias.

Duró más que las otras, me costó quebrarla. Todo lo que buscaba de ella, era que se suicidara en público por mi, si tan solo no hubiese sido tan terca, no habría tenido una muerte tan dolorosa.

Puta perra masoquista

Me coloco los guantes que preparé para la ocasión y empiezo mi trabajo.

Al acercarme, empiezan los flashbacks de nuestra última noche, y mirándola mejor, noto que murió con un juguete en su vagina, y mi bulto empieza a crecer.

#

La puerta estaba abierta cuando llegué a la habitación, tiré mi mochila en un rincón y me acerqué para sacarle la mordaza. La rubia estaba sentada contra la pared, encadenada de brazos y piernas.

Me bajé el pantalón, la agarré del pelo, y le puse mi miembro en la entrada de su boca, esperando a que la abriera.

No la abrió.

- De pie .- dije tranquilamente. Ella levantó la mirada. El último corte que le había hecho en el rostro resaltaba su belleza. - AHORA .- Grité, y noté como temblando, se levantó.

Era bajita de estatura. Yo le sacaba al menos dos cabezas.

Acerqué lentamente mi mano a su rostro, rozando mis dedos por la cicatriz que comenzaba a formarse, y empecé a bajar, despacio, hasta su cuello. Envolví mis dedos alrededor y empecé apretar gradualmente.

- Tu rebeldía ya me cansó. - Fue lo último que le dije.

solté su cuello cuando noté que ya estaba sin aire, al borde del desmayo. La quería consciente.

Bajé hasta su senos, y tomé uno en mis manos y apreté, mientras con la otra, saqué la navaja que llevaba en el bolsillo, y con la hoja, comencé a rozar su pezón.

Su cara en ese momento fue una puta obra de arte. Sus ojos vacíos, llenos de lágrimas frías, haciéndose la dura, pero, sé que ella ya sabía de qué era capaz.

Se lo arranqué con la navaja.

Ni siquiera la mordaza que llevaba evitó su grito de dolor.

Le di un cachetón tan fuerte, que la tiró y se golpeó un poco la cabeza contra la mesa metálica que estaba a su derecha. No estaba seguro si estaba atontada por el golpe o si se había desmayado.

La levanté tomándola por debajo de los hombros y la acomodé contra la mesa. Agarré mi pene ya erecto y lo puse en su entrada, penetrándola de golpe. Cada estocada movía la mesa, y sus piernas colgando iban a la par.

Esa noche le terminé adentro. Gravísimo error, dejé demasiado ADN en ella.

*********

Volví a mirarla desde la mesa metálica.

El silencio me molestó más de lo que debería.

Antes gritaba. Lloraba. Me insultaba entre dientes cuando creía que no la escuchaba. Incluso sus respiraciones entrecortadas habían terminado formando parte de la casa.

Ahora solo quedaba el ruido de la lluvia.

Abrí uno de los cajones y saqué un hacha. Necesitaba cortarla y quemarla yo mismo.

La apoyé sobre la mesa y me arremangué lentamente. No podía dejar errores.

Con las otras había sido distinto. Más fácil. Nunca me había permitido encariñarme tanto.

Pero ella...

Ella había aprendido demasiado sobre mí.

Mi mirada volvió a su cuerpo.

Seguía usando el collar. Olvidé quitárselo, y se lo arranqué en ese momento. Pensaba darle otro uso.

Una risa seca escapó de mi garganta.

Le regalé ese collar en nuestra primer "cita"; me llevó tiempo conquistarla, pero, sé que al final, terminó enamorándose de mi.

Incluso después de muerta parecía desafiarme.

Me acerqué despacio y me agaché frente a ella. El olor a hierro y humedad impregnaba el aire.

- Podrías haber terminado esto de otra forma -. murmuré.

Tomé un mechón de su cabello entre mis dedos. Todavía podía recordar la primera vez que lo hice. Aquella noche en el spa.

Ella estaba distraída, hablando con una clienta, y yo fingí buscar mi billetera cerca de la recepción solo para verla de cerca. Había perfume de vainilla en el ambiente. Dulce. Empalagoso.

Ella me sonrió.

Ese fue su error.

Pero, ahora tocaba buscar a mi siguiente presa.





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