Hiraeth: La nostalgia por un hogar al que no puedes volver, o que quizá nunca existió, una añoranza por los lugares perdidos de tu pasado.
Jihoon creía que, después de dos años, ha aprendido a lidiar con el dolor y la tristeza que le dejó la perdida...
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La luz de las velas iluminaba el apartamento en un tono cálido, haciendo que cada flor en el centro de la mesa pareciera brillar. El aroma de la comida recién hecha se mezclaba con el fuerte perfume de Seungcheol, llenando el aire de una calidez que hacía cosquillas en el estómago de Jihoon.
"¿Te gusta?"
Jihoon se giró para encontrarse con su novio. Una sonrisa emocionada decoraba su rostro, esperando con ansias la opinión de Jihoon.
"Me encanta," admitió, acercándose a él para darle un suave beso en sus labios.
Seungcheol sonrió con emoción, su mano bajó hasta encontrarse con los dedos de Jihoon para entrelazarlos y lo guió hasta la mesa, jalando la silla para que pudiera sentarse.
De cerca, Jihoon pudo admirar como cada cosa parecía haber sido preparada con esmero y cariño. No era que Seungcheol no fuera detallista, en realidad era todo lo contrario. Pero sus trabajos como héroes consumían la mayor parte del tiempo para que tuvieran la oportunidad de planear sorpresas tan elaboradas; por ello siempre preferían ir a cenar a un restaurante en sus aniversarios o cumpleaños.
"¿Preparaste todo esto tú solo?" Seungcheol asintió con emoción, como un cachorro esperando la felicitación de su dueño. "¿Y sin quemar nada?"
Jihoon sintió el impulso de besar el puchero que se formó en los labios de Seungcheol.
"Joshua me ayudó un poco," admitió, "pero yo hice la mayor parte, lo juro."
"De acuerdo," rió, encantado con la sorpresa que su novio había preparado. "¿Y qué estamos celebrando? Nuestro aniversario fue hace una semana," preguntó cuando notó a Seungcheol acercarse a una botella de vino que estaba en la encimera de la cocina.
Seungcheol se encogió de hombros, sentándose a su lado y dejando las botellas en el centro de la mesa.
"Pero me dejaste plantado porque preferiste ir a la misión que surgió ese día," recordó Seungcheol, reclamando aquel momento.
"No te dejé plantado, los dos nos fuimos del restaurante al mismo tiempo," defendió Jihoon.
"Porque tú insististe en qué debíamos ir," replicó. "Como si los otros siete no fueran suficientes," rodó los ojos.
"Joshua ni siquiera pelea."
"Bueno, aún quedan otro seis."
Jihoon pudo percibir con claridad la molestia en Seungcheol. Parecía más afectado de lo que Jihoon imaginó. Su entrega total a su deber como héroe aún era algo que le traía problemas a su relación; aunque con el pasar de los años habían hablado al respecto y encontrado soluciones, aún existían situaciones que los seguían afectando.
Desde que Jihoon comenzó su entrenamiento a muy corta edad para ser un héroe, se le inculcó que no había nada más importante que su deber. Su única prioridad era impartir la justicia y encargarse de los villanos que surgían cada día, nada podría ser más importante que ello.