cap 1

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La noche era fría y oscura. Podía parecer tranquila y algo hermosa por la luz de la luna, la cual se encontraba en su máximo resplandor; sin embargo, esto no era más que una fachada que ocultaba cruelmente la realidad.

En un callejón, en las afueras de la ciudad, un hombre salía de las sombras, cojeando y manteniéndose pegado a la pared. Este se encontraba visiblemente herido; tenia moretones y algunas heridas en la cara. Su pierna herida no dejaba de sangrar, haciendo que el hombre , por el dolor, no pudiera moverla y la arrastrara  al avanzar.

Al llegar al final del callejón, paró. Levantó su mano, la cual estaba posada en uno de sus costados. Esta estaba cubierta de sangre; al parecer, había perdido demasiada.

—¡CARAJO! ¡ESE MALDITO!— Maldijo con un tono irritado y algo angustiado, golpeando la pared con el puño.

Iba a morir, eso era evidente. No podía ir a ningún hospital, pues se encontraba demasiado lejos y, aunque lo hubiera, se negaría a ir, pues sabía muy bien que lo arrestarían  tan solo poniendo un pie dentro, y él se negaba rotundamente a ser atrapado. Tampoco podía simplemente quedarse ahí y morir, pues sabía muy bien que aquel desgraciado, como él lo llamaba, encontraría su cuerpo y lo humillaría aun estando muerto.

Solo había una opción .
Una salida.
Un final.

Llego a un acantilado cerca del mar.  Se asomó un poco, aún indeciso. Podía ver cómo las grandes olas golpeaban bruscamente las rocas .

Ese acantilado era muy famoso, pues todo el mundo sabia que, una vez que algo caía ahi ya no movía a ser visto, y el hombre lo sabia muy bien , pues él mismo se encargo de traer y arrojar algunos cuerpos aquí. Y ahora, era su cuerpo el que terminaría ahí. Miro el cielo estrellado, soltando un suspiro pesado.

Para él, la muerte no era nada más que una salida, y aun que a muchos les parecía algo cobarde,  él preferiría tomarla que ser humillado  por rsonas que no merecían ni ser vistos por él.

Maldijo la vida, maldijo el destino, maldijo a la muerte. Que se jodan todos! Replico el hombre en su mente.

Era la hora. Su hora.  Su cuerpo ya no podia más; sus parpados se sentían pesados y su pierna ya ni la sentia. Se acerco a la orilla, y sin pensarlo más, se arrojo. Dejando atrás todo lo que es y lo que fue: sus recuerdos, sus pertenencias, sus esfuerzos. Su vida entera.

No sabía cuándo fue que su cuerpo había tocado el agua. Se sentía extraño, como si lo hubieran arrancado de su cuerpo y, junto a ello, todo aquel peso que inconscientemente cargaba día tras día. Sentía una sensación cálida, pero a la vez tan fría.

No sabía cuánto había pasado cuando unos recuerdos empezaron a invadir su mente, recuerdos que no eran suyos. En ellos veía cómo un niño era abusado física y mentalmente por diversas personas.

Lo más extraño es que le parecía algo familiar, como si él estuviera ahí. ¿Será que es de una película que no recuerda haber visto? No, imposible. Él detestaba aquellas películas que tenían la típica trama que parecía creada por alguien fumado y con personajes que apenas si sabían lo que era la lógica.

Entonces… ¿qué era todo aquello?

En un tiempo indefinido, el hombre, concentrado en averiguar qué eran esas imágenes, no pudo notar que la temperatura subía rápidamente, hasta que el dolor del calor lo empezó a consumir por completo. Sentía como si su cuerpo estuviera ardiendo en llamas.

Era una tortura; podía sentir cómo toda la piel y los músculos se desgarraban por el calor. Sus gritos desgarradores no eran más que susurros que luchaban por salir.
Y, de pronto, todo paró. Sintió cómo el aire llenaba sus pulmones de golpe, dándole una sensación de ardor y un mareo tan fuerte que apenas si tenía la fuerza para mantenerse consciente.

Rápidamente, aún sin saber nada de lo que estaba pasando, se levantó bruscamente y se quitó todos los cables y tubos que tenía conectados al cuerpo.

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⏰ Last updated: Apr 05 ⏰

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