(Narrado por Ana)
El ruido de las ruedas de las maletas contra el suelo del aeropuerto se mezclaba con las voces, los anuncios por megafonía y el sonido de los aviones aterrizando a lo lejos. Después de tantos años en Italia, Tenerife seguía oliendo igual: a aire cálido, mar y algo familiar que no sabía explicar.
Apreté un poco más la correa de mi mochila mientras caminaba junto a Sofía, Naira y Marina entre la multitud.
—No puedo creer que volvamos justo para empezar tercero —dijo Naira, apartándose el pelo de la cara—. Literalmente siento que voy a vomitar.
Sofía soltó una pequeña risa.
—Tú siempre sientes que vas a vomitar cuando estás nerviosa.
—Porque siempre estoy nerviosa.
—Eso explica muchas cosas —murmuré.
Naira me dio un golpe suave en el brazo mientras Marina negaba con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció en su cara por unos segundos.
Habían pasado años desde la última vez que vivimos en Tenerife. El intercambio a Italia empezó como algo temporal, pero al final terminamos acostumbrándonos demasiado rápido a esa vida. A las calles llenas de gente, al idioma, a nuestros amigos de allí... a sentir que pertenecíamos un poco a otro lugar.
Y ahora estábamos aquí otra vez.
De vuelta al sitio donde crecimos.
De vuelta para empezar una etapa completamente nueva.
Cuando cruzamos las puertas del aeropuerto, el calor me golpeó de inmediato. Mi madre me reconoció enseguida entre toda la gente y prácticamente corrió hacia mí.
—¡Ana!
Sonreí antes de abrazarla fuerte.
—Te extrañé muchísimo.
—Mírate, estás enorme.
—Mamá, literalmente crecí dos centímetros.
—Pues para mí son veinte.
Solté una risa mientras mi padre se acercaba también para abrazarme. A unos metros, Sofía hablaba con su familia tranquilamente; Marina saludaba a los suyos con esa calma elegante que tenía hasta para respirar; y Naira parecía incapaz de quedarse quieta mientras hablaba rapidísimo con su hermano pequeño.
Después de recoger todas las maletas y sobrevivir al caos de saludos y preguntas, nuestras familias decidieron ir juntas a comer antes de instalarnos definitivamente en el pupilo.
Terminamos en un restaurante cerca del mar.
El sonido de las olas llegaba suave desde la terraza, mezclándose con el ruido de platos, conversaciones y música baja de fondo. El aire olía a sal y comida recién hecha, y sinceramente... se sentía raro volver a estar allí después de tanto tiempo.
Nos sentamos las cuatro juntas en una esquina de la mesa mientras los adultos hablaban entre ellos.
—Vale, oficialmente tengo miedo —murmuró Naira mientras jugaba con la pajita de su refresco.
—¿De qué exactamente? —preguntó Sofía.
—De todo. Del instituto. De la gente. De hacer el ridículo el primer día.
—Eso último va a pasar sí o sí —dije.
—Gracias por el apoyo emocional, Ana.
Me encogí de hombros con una sonrisa.
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Amor inesperado
Non-FictionAna regresa a Tenerife junto a sus amigas Sofía, Naira y Marina para empezar 3º de la ESO. Allí conoce a Ian, un chico reservado obsesionado con Marina. Pero mientras intenta acercarse a ella, Ian comienza a fijarse poco a poco en Ana. Entre secreto...
