Capítulo I. Página I.
«Un héroe es aquel que se mete donde no lo llaman». Esas palabras fueron el norte de Izuku Midoriya. Desde aquel encuentro con el villano de lodo, se había lanzado al peligro una y otra vez, impulsado por un instinto que no conocía límites. Salvó a Ochaco del examen de ingreso; rescató el corazón de Todoroki de su propio hielo; protegió a Iida de la espada de Stain. Salvó I-Island, a Kota, a Eri, a Bakugo... a Katsuma. Su historial era un testamento de sacrificio, pero en esta guerra final, su ambición era la más difícil de todas: quería salvar a Tomura Shigaraki.
Mientras las nubes en el cielo opacaban cualquier rastro de sol, cerca del monte fuji se desataba una desastrosa batalla. Midoriya, quien perdió al cuarto portador del One for all, estaba contra las cuerdas.
—Noveno, debes entregar el One For All —sentenció el Segundo Portador desde el mundo de los vestigios.
¿Entregar el poder más sagrado al enemigo que juraron destruir? El plan era claro: atacar desde dentro, infiltrarse en la herida espiritual que Star and Stripe dejó en el villano y desmantelar su mente. Una idea alocada, podría decirse que era una idea suicida en una apuesta donde tenían todas las de perder; pero un héroe no se rinde. Izuku aceptó seguir ese espinoso camino para derrotarlo de una vez por todas.
La batalla continuó, Midoriya adoptó una nueva forma que le permitió luchar, logrando seguir el paso.
—Oye, oye... ¿Es en serio? Ya no pareces un héroe, Midoriya... —se burló Tomura, esquivando un latigazo del don del quinto.
Con ayuda del don del quinto portador lograba moverse. Siempre idolatró a los héroes desde pequeño, siempre quiso ser como ellos, por eso siempre analizaba sus dones. Su imaginación, siempre volcada al análisis de dones, trabajaba a mil por hora. Logró engañar a Shigaraki usando al Segundo como señuelo y conectó un golpe devastador. En ese instante, el Segundo Portador se desvaneció, fundiéndose en el vacío del enemigo. La transferencia había comenzado.
Poco a poco, Izuku cedía su herencia. El Sexto también se fue. El mundo a su alrededor se desmoronaba, pero el verdadero colapso ocurría dentro de él. Necesitaba volver a ser aquel chico sin don, el niño que saltó al rescate sin nada más que valor.
Tomura ya sabía que algo no andaba bien, evitaba ser tocado por Izuku mientras trataba de matarlo con sus infinitas extremidades; sin embargo, el noveno era alguien tenaz. El latigo negro era demasiado versátil y con él logró salir de varias situaciones en las que Tomura pudo acabar con él, logró hacerle daño, logro esquivarlo. Finalmente le dio un golpe.
-Tun tun-
Un fuerte latido resonó dentro de Midoriya. Algo había reaccionado en cuanto se fueron la séptima, el octavo, el primero; como si el one for all dejara de ser un escudo. Un momento de vulnerabilidad que aprovechó Tomura.
—¡Noveno, reacciona! —gritó el quinto portdor mientras Izuku caía al suelo.
El golpe fue sordo, pero aun así, Izuku no lo había sentido, no prestaba atención a su alrededor, su interior seguía reaccionando a algo.
-Tun tun-
Otro latido más, como si fuese lo único que pudiese escuchar.
—¿Q-qué es... Esto? —se preguntó Midoriya mientras se sujetaba el pecho. Sentía una sensación de falta, pero a la vez, una sensación de saciedad llenandolo dentro de él.
—Midoriya... —Susurró Tomura —. Midoriya... Midoriya...
El villano comenzó a balbucear el nombre con una rapidez frenética, casi rítmica. Cuando levantó la mirada, el terror se apoderó de los vestigios restantes. Sus ojos ya no eran rojos. El iris era de un azul brillante y errático, mientras que la pupila sangraba un rojo demoníaco.
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El últmo rezo.
FanfictionBajo la sombra de la Noche Azul nacieron los hijos de Yuri Egin. Por piedad -o quizá por compasión- el padre Shiro Fujimoto cuidó de dos de ellos bajo el cielo de Assiah: Yukio Okumura y Rin Okumura. Pero había un tercer hijo. En su último aliento...
