Antes de que todo cambiara

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Hay cosas que empiezan sin hacer ruido… pero terminan marcándolo todo

Nunca pensé que iba a recordar tanto el inicio.

No porque haya sido perfecto, sino porque fue honesto.
De esos comienzos que no necesitan exagerarse para sentirse importantes

A veces uno cree que lo que va a marcar su vida llega con señales claras, con momentos que se sienten distintos desde el primer instante…
pero no siempre es así

Hay historias que empiezan despacio.
Sin ruido.
Sin intención

Tú llegaste así

Y yo tampoco estaba buscando nada en ese momento

No éramos dos personas listas para algo grande.
Éramos dos personas intentando entenderse a sí mismas…
coincidiendo en el mismo lugar, en el mismo tiempo.

Y tal vez por eso funcionó al inicio.

Porque no había expectativas que cumplir.

Contigo no sentí la necesidad de impresionar.

Y creo que tú tampoco.

Las conversaciones fluían sin esfuerzo.
Podíamos hablar durante horas… o simplemente quedarnos en silencio sin que eso se sintiera incómodo.

No había presión
No había miedo de decir algo mal,
Había una tranquilidad rara… pero bonita.

Recuerdo que al principio todo era ligero
No en el sentido de que no importara,
sino en que no pesaba

Podíamos reírnos por cosas simples.
Podíamos repetir las mismas historias.
Podíamos quedarnos sin tema… y aun así sentir que estábamos bien.

Y eso… eso no pasa con cualquiera

Con el tiempo empezamos a coincidir más.

Sin planearlo.

Un día hablábamos un rato…
al siguiente ya era costumbre

Y así, sin darnos cuenta, fuimos ocupando espacio en la vida del otro

No de golpe.
No de forma intensa

Sino poco a poco… como todo lo que termina siendo importante.

Nunca nos sentamos a decir “esto está empezando”.
Nunca definimos lo que éramos.
Pero se sentía.
En la forma en que nos buscábamos.
En cómo el día cambiaba dependiendo de si hablábamos o no.
En esa calma que aparecía cuando todo lo demás se sentía caótico

Y aunque en ese momento no lo entendía del todo…

ahí ya estaba pasando algo.
Algo que no construyó uno solo.

Porque lo nuestro nunca fue de uno sosteniendo y el otro recibiendo.
Desde el inicio… fuimos dos.

Dos personas que se eligieron en lo simple.
Dos personas que se sintieron cómodas sin tener que fingir.
Dos personas que, sin saber mucho del amor…
decidieron quedarse.

Y sí…

también fuimos dos personas que, sin darse cuenta, iban a cometer errores

No errores grandes.
No cosas que rompen todo de inmediato.

Sino esos pequeños gestos…
esas actitudes que uno deja pasar,
esas palabras que no se dicen a tiempo,
esas cosas que parecen nada…
hasta que un día pesan demasiado.

Pero en ese momento… no lo sabíamos.
En ese momento todo se sentía bien.
Suficiente.
Real.
Y cuando algo se siente así…
uno no piensa en lo que podría salir mal.
Solo confía...

Confía en que va a durar.
Confía en que va a crecer.
Confía en que lo que se siente ahora…
se va a quedar

Y nosotros hicimos eso.

Confiamos...

Sin saber que incluso lo más sincero…
puede cambiar.

Porque antes de las dudas,
antes de los silencios,
antes de las versiones distintas de nosotros mismos…

hubo un punto en el que todo era claro.

Un punto donde no había preguntas.
Donde no había distancia.
Donde no había nada que reparar.

Y ese punto…

ese momento en el que todo parecía estar en su lugar…

fue justo antes de que, sin hacer ruido…

empezáramos a ser nosotros.

El día que ya no te reconocíStories to obsess over. Discover now