Capítulo 5: Planeando el desastre

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—¿Sigues enojada?

Miro a Ana frente a mí. Se acaba de levantar hace apenas diez minutos, durante los cuales no hemos hablado ni un segundo.

Ya no estoy enojada, la verdad. Pero quiero hacerla sufrir un poco.

—Sí, aún lo estoy.

Se levanta y camina hacia mí con un puchero.

Manipuladora.

No voy a caer esta vez.

—¿Crees que con un puchero y esa cara de "lo siento" voy a olvidar que me traicionaste?

No responde. Solo se sienta en mi regazo.

—Vamos, esa es tu forma de manipular.

—Me siento mal.

Okey, esto no me lo esperaba. Su tono cambió, es más serio. No es manipulación. Conozco a mi amiga.

—¿Qué tienes? ¿Te duele algo?

Niega con la cabeza.

—Entonces, ¿qué?

—Me siento mal por lo que te hice. No quiero lastimar a la única persona que me quiere y se preocupa por mí. Soy una traicionera, lo admito. No pensé que te fueras a molestar. No quiero herirte.

—No me lastimaste. Solo me enojé, pero ya no lo estoy. Solo quería hacerte sufrir un poco.

—¿En serio?

—Sí, Ana. No tienes que preocuparte, ¿okey? No estoy enojada contigo. Y no te sientas mal. Tú eres una gran persona y tienes un gran corazón.

—Bueno, me alegro de que no estés enojada. ¿Qué vas a hacer ahora?

—Tengo que reunirme con Charlie para lo de la fiesta.

—Uy, suerte.

—Adiós, me tengo que ir. Vuelvo en un rato.

---

Salgo en busca de Hart.

Y lo encuentro fácil. Está apoyado contra una pared, rodeado de un par de chicas que se ríen de algo que dijo. Cuando me ve, sus ojos se encienden con ese brillo provocador que tanto detesto. Se despide de ellas con un gesto y camina hacia mí.

—Hola, princesa. Qué bien te queda esa chaqueta. Te hace ver más humana, menos princesa.

Respiro hondo. Sus ojos verdes recorren mi chaqueta con una lentitud que me hace querer desaparecer. O golpearlo. Las dos cosas.

Solo será un rato. No puede ser tan difícil.

Claro que es difícil. Es mi archienemigo.

Odio cómo me mira.

—Necesito que hablemos de la fiesta. ¿Tienes un momento?

—Para ti, la vida entera.

Inclina la cabeza con esa sonrisa arrogante que ya conozco demasiado bien. La misma que usó en el laboratorio cinco segundos antes de que todo explotara.

—¿Puedes ponerte serio?

—Ah, sí, claro. Por supuesto, como diga su alteza real.

Hace una reverencia tan exagerada que por poco pierde el equilibrio.

Qué tonto.

Pero al menos esta vez la hizo bien.

—Es en serio, Charlie.

—Okey, ya dejé de jugar. Si quieres, vamos a mi cuarto. Ya sabes, podemos hablar y, si quieres —levanta una ceja con picardía—, solo si quieres, puedes retirar todo lo que has dicho y confesar lo mucho que me amas.

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⏰ Last updated: Apr 21 ⏰

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