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—¡No te soporto, Deku!… ¡Te odio con toda mi maldita alma! —Bakugou escupió las palabras con el ceño fruncido y los puños apretados, pequeñas chispas crepitando en sus palmas—. No eres más que basura. Un maldito desperdicio de aire que ni siquiera puede aceptar la jodida realidad.

Dio un paso hacia la puerta del salón, la silla que había detrás de él raspó el suelo con un chirrido desagradable.

—Un inútil sin quirk queriendo ser héroe… —soltó una risa corta y llena de desprecio—. Patético.
Se detuvo frente a la salida, pero sin girarse del todo.

—Si tanto quieres ser un héroe… solo hay una forma.

La pausa pesó en el aire más de lo que debería.

En ese momento, Katsuki no tenía idea de cuánto llegaría a arrepentirse de lo que estaba a punto de decir.

Izuku seguía en el suelo después del empujón de quien siempre había considerado su mejor amigo. Sus manos estaban apoyadas en el piso frío mientras mantenía la cabeza baja, apretando los dientes con fuerza para contener las lágrimas.

Porque, a pesar de todo…

Todavía quería creer que su amistad podía salvarse.

Que Katsuki solo estaba enojado.

Que en el fondo no hablaba en serio.

Pero las siguientes palabras rompieron cualquier esperanza que quedara.

—¿Por qué no te tiras desde el último piso… —Bakugou giró la cabeza apenas lo suficiente para mirarlo por encima del hombro— …y rezas para que en tu próxima vida nazcas con un quirk?
Una sonrisa arrogante apareció en su rostro.

La misma de todos los días.

Pero para Izuku, ese día se sintió más cruel que nunca.

Katsuki lanzó una última mirada hacia atrás, sonriendo al ver cómo las lágrimas que el peliverde se esforzaba tanto en retener finalmente caían, como si hubieran abierto un grifo que llevaba demasiado tiempo a punto de estallar por la presión.

Chasqueó la lengua con desdén.

—Tch. Qué asco.

Luego dirigió sus ojos rojizos hacia el frente, listo para continuar su camino.

—Kacchan…

La voz rota de Izuku lo detuvo.

Bakugou se detuvo de golpe y soltó un gruñido molesto al escuchar el viejo apodo infantil.

—¿Qué quieres ahora, Deku…? —gruñó sin girarse completamente.

Al ver que se había detenido, Izuku continuó, sin levantar la mirada del suelo.

—Si yo… —su voz tembló— …si realmente hiciera eso… ¿serías feliz?
Las manos de Izuku temblaban.

No por lo frío que estaba el piso.

Sino por miedo a lo que pudiera salir de los labios de su mejor amigo.

Especialmente porque en el fondo ya sabía lo que diría.

Aun así… todavía albergaba la esperanza de que dijera lo contrario.

No lo digas.

Te lo ruego…por favor, no lo digas.

—Nada me haría más feliz que no tener que volver a ver tu cara nunca más, maldita escoria —respondió Bakugou con voz grave y completamente tranquila.

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⏰ Last updated: Mar 09 ⏰

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