Había pasado un año desde su graduación de la UA, un año desde que había evitado que su amigo Oboro Shirakumo muriese en aquel maldito accidente durante sus prácticas, donde él se aferró a esa fe y esperanza ciega, practicando primeros auxilios y maniobras de rescate mientras los servicios de emergencia llegaban, negándose a aceptar que su amigo pudiera irse así, tan repentinamente, claro, ahora Shirakumo era profesor de historia y análisis en la UA además de héroe profesional junto a su otro amigo Yamada Hizashi, quien había adoptado el nombre de Present Mic, un año donde ahora era conocido como EraserHead, el héroe underground que huía de los buitres, como él llamaba a los periodistas, un año desde que había dejado de compartir piso con esos dos ruidosos y había alquilado su propio departamento de solo una habitación, con más equipo de entrenamiento que cosas necesarias para vivir, y estaba noche, esta jodida noche del 15 de septiembre donde él estaba de patrullaje en uno de los barrios residenciales de Musutafu, cuando escuchó el pedido de auxilio por el comunicador, un complejo de edificios en llamas, quedaban solo un par de personas atrapadas según los reportes iniciales, y él estaba lo suficientemente cerca como para llegar antes que cualquier otro.
Aizawa Shōta, con apenas veinte años y un año de experiencia como profesional, no dudó ni un segundo, activó su don al acercarse al edificio para cancelar cualquier llama que fuera producto de algún don y poder evaluar mejor la situación, pero al llegar confirmó que era un incendio estructural, eléctrico probablemente, las llamas devoraban el tercer piso con una voracidad que helaba la sangre, los vecinos que habían logrado evacuar se agolpaban en la calle, algunos con quemaduras leves, otros en estado de shock, pero una mujer de mediana edad se abrió paso entre los curiosos y los servicios de emergencia que recién comenzaban a llegar, se acercó a EraserHead con los ojos desorbitados por el pánico y le gritó, eran una mujer de apenas unos veinte o veinticinco años con su bebé recién nacido, vivían en el apartamento 302, ella no había salido, tenía que estar allí todavía, le dieron el número del apartamento y EraserHead acudió sin más, no esperó a nadie más, no a los héroes que venían en camino, no a la policía, no a los bomberos que aún montaban las mangueras, simplemente entró.
El calor era sofocante incluso con su don activado anulando posibles llamas de origen sobrenatural, el humo lo envolvía todo como un manto espeso y cegador, Aizawa se movía con la precisión que le habían enseñado en la UA, con la experiencia acumulada en este año de patrullaje nocturno, conteniendo la respiración tanto como podía, avanzando por las escaleras humeantes hasta llegar al tercer piso, el pasillo era un infierno, las puertas de algunos apartamentos habían saltado por la presión, pero él siguió adelante hasta encontrar el 302, la puerta estaba entreabierta y del interior no salían llamas, solo ese humo denso, negro, mortal, y un sonido, un llanto desgarrador e infantil que provenía desde el fondo, probablemente del baño, Aizawa entró agachado, buscando el suelo donde el aire era ligeramente más respirable, siguió el llanto, abrió puertas hasta dar con la del baño, y al abrirla encontró la peor escena posible.
Una mujer de cabellos verdes, joven, muy joven, estaba acurrucada sobre una manta de color verde bosque, su cuerpo inerte formaba un escudo protector, el llanto provenía de debajo de ella, Aizawa se acercó con el corazón encogido, alargó una mano y buscó el pulso en el cuello de la mujer, sabía que no lo encontraría incluso antes de hacerlo, la piel ya estaba fría, el cuerpo rígido en esa posición final de protección, le dio su pésame al universo, un pensamiento rápido y doloroso para el alma de esa mujer que había muerto protegiendo lo que más amaba, y luego la movió con el cuidado que merecía una madre, con el respeto que exigía su sacrificio, y allí estaba el bebé, un pequeño de cabellos rizados de un verde iridiscente, casi del mismo tono que su madre, envuelto en esa manta, llorando con toda la fuerza de sus pequeños pulmones, un llanto de necesidad y atención sumado a la tos por el humo que había inhalado, Aizawa no lo dudó, ni siquiera lo pensó, con una rapidez que nacía del instinto más puro, envolvió al bebé en su mantita asegurándose de cubrirle la cabeza, y luego lo protegió con su propia arma de captura, el tejido especial que lo envolvía a él ahora serviría como filtro y escudo para esa pequeña vida, y salió de allí.
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Eraser Head: Manual de supervivencia para padres
FanfictionLa noche que Eraser Head entró a un edificio en llamas esperaba encontrar sobrevivientes. En cambio, encontró un bebé. Dos meses después, Shouta Aizawa, héroe underground de veinte años, tiene tres cosas nuevas en su vida: - Un puesto como profesor...
