Único

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- Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos cumpleaños feliz~ -

Los aplausos, escasos y flojos, resuenan en el salón y se apagan demasiado rápido. Jisung toma aire profundamente y tras asegurarse de pedir un buen deseo se inclina hacia delante y sopla las velas del número diecisiete. Las dos pequeñas llamas se apagan dejando suspendida en el aire una fina columna de humo.

- ¿Qué deseo has pedido? - Pregunta su padre desde el otro lado de la mesa, enfrente suya.

- Si lo digo no se cumplirá - Responde, sonriente.

Ansioso por probar el dulce sabor de la tarta de zanahoria que ha estado preparando durante las últimas horas de la tarde, toma los tres platillos de cerámica apilados a un lado de la mesa redonda y los coloca en fila en el centro. La ilusión late tímidamente en su pecho.

Alza la mirada listo para pedirle a su padre que le corte un gran trozo ya que es él quien siempre se encarga de repartir los alimentos. Sin embargo, la petición se le queda atrapada en la garganta. 

La expresión de su padre ha cambiado drásticamente. La felicidad y calidez de hace unos segundos ya no están. En su lugar hay una tristeza contenida y una empatía dolorosa.

Sigue la dirección de su mirada y la sonrisa desaparece lentamente en su propio rostro al ver a su madre.

Ella mantiene la cabeza agachada y con una mano se cubre los párpados, aunque no sirve de mucho; ligeros temblores le sacuden los hombros y suelta sollozos bajos, casi inexistentes. No es un llanto repentino, sino un llanto que ha sido reprimido lo máximo posible.

- ¿Mamá...? - La llama bajito, en un susurro desconcertado.

Ella intenta contenerse, pero el dolor ya la ha superado.

Su padre posa una mano sobre el hombro de su esposa. No dice nada, solo la observa sabiendo perfectamente qué imagen se está reproduciendo en su cabeza pues él también la ve. 

Jisung queda solo en cuerpo y consciencia en esa habitación.

- Lo siento... lo siento - Se disculpa ella entre lágrimas.

- Cariño... - Murmura su padre, apagado.

- Perdón... Jihoonnie... mi niño... lo siento... -

Ese nombre, ese apodo, cae en el centro de los tres rompiendo con todo. Penetra en la mesa, en la tarta y en las velas.

La habitación cambia de forma imperceptible. El aire se vuelve denso, los muebles se tornan oscuros y la silla vacía del otro extremo parece reírse de ellos. 

La celebración sencilla se convierte en otra cosa: en memoria, en recuerdos y en un dolor que nace de la ausencia y daña al corazón. 

Jisung observa a su madre levantarse despacio, todavía murmurando disculpas que ya no parecen estar dirigidos hacia ellos. Quiere preguntarle si de verdad se va a ir, pedirle que se quede, pero no puede porque ella llorará más fuerte. Sabe reconocer cuando está atrapada en su dolor, ese que sólo vence a través del sueño o de las pastillas. Y hoy decide escoger el sueño. 

Rodea la mesa con pasos inestables, pasa por detrás de Jisung y antes de cruzar hacia el pasillo, posa sus tristes ojos en su hijo. 

- Lo siento, cariño. - 

La mujer triste cruza la puerta que lleva al pasillo y la cierra tras de sí con suavidad, flojo, sin fuerza ni ruido.

El salón queda en silencio.

Jisung trata de respirar con normalidad, aunque le cuesta un poco. Sus ojos se posan sobre los tres platos alineados en el centro de la mesa. Los había colocado con la idea de que su padre sirviese ahí una porción para cada uno.

Moon; Minsung |OS|Stories to obsess over. Discover now