Daenerys
El frío no fue lo que esperaba. Siempre imaginé que la muerte sería un vacío eterno, un silencio absoluto tras sentir el acero frío de Jon atravesando mi pecho y deteniendo los latidos de mi corazón. Pero en lugar de la oscuridad del olvido, mis ojos se abrieron ante un resplandor dorado y mortecino que me caló hasta los huesos. No estaba en el "Más Allá" de los dothraki, cabalgando por las llanuras de hierba de las estrellas, ni en los salones de mis ancestros.
Estaba en King’s Landing, o al menos, en una versión espectral de lo que quedaba de ella en mi memoria. El Gran Salón estaba en ruinas, el techo, que alguna vez mostró la gloria de los Siete Reinos, se había desplomado, permitiendo que una ceniza blanca, o quizás nieve, cayera sobre el suelo de piedra.
Frente a mí, imponente y grotesco, se alzaba el Iron Throne. Sus miles de espadas fundidas brillaban con una luz propia, una advertencia de metal y sangre. El silencio era sepulcral, una quietud que solo se encuentra en las tumbas más profundas de Valyria. Me puse de pie con dificultad, tocándome el pecho por instinto. No había sangre. No había dolor. Solo una extraña ligereza. Fue entonces cuando noté que no estaba sola en ese limbo.
A unos metros de distancia, un hombre permanecía estático. Era alto, de complexión atlética y portaba una túnica de seda negra y roja que gritaba nobleza antigua. Su cabello era de un plata tan puro como el mío, cayendo en ondas perfectas sobre sus hombros, pero sus ojos... sus ojos no eran violetas como decían las leyendas de los libros, sino de un azul gélido y penetrante, cargados de una ambición que rayaba en la psicopatía.
-¿Quién eres?.- preguntó él. Su voz no era un susurro, era un latigazo de autoridad, cargado de una arrogancia que me resultó familiar y, a la vez, profundamente irritante.- ¿Cómo te atreves a profanar este lugar en mi presencia? ¿Eres acaso una de las sirvientas que olvidó su lugar o una visión enviada para atormentarme?
Me enderecé, recuperando la postura de la mujer que cruzó el Narrow Sea, la mujer que quemó flotas y conquistó ciudades. Mis propios ojos, de un gris azulado tormentoso, se clavaron en los suyos.
-Soy Daenerys Stormborn de la Casa Targaryen, reina de los Siete Reinos, Madre de Dragones y Rompedora de Cadenas.- respondí, dejando que cada título pesara en el aire como si fueran lingotes de oro.- He venido a reclamar lo que es mío por derecho de sangre. ¿Tú quién eres para cuestionarme en mi propio salón?
El hombre soltó una carcajada seca, carente de cualquier rastro de humor. Se movió con la elegancia de un depredador, rodeando el trono.
-¿Reina? ¿Tú? No me hagas reír, muchacha. Tienes el cabello de nuestra estirpe, pero hablas como una delirante. Yo soy Aerion Targaryen, hijo de Maekar primero. Yo soy el verdadero heredero al Trono de Hierro. Mi padre es el rey, y tras él, el reino me pertenece a mí. Nadie más tiene derecho a reclamar lo que es mío por nacimiento y por voluntad divina. No sé qué clase de truco es este, pero no permitiré que una mujer usurpe mi gloria.
Un escalofrío recorrió mi columna. Recordé las historias que Viserys me contaba en las noches de exilio, cuando el hambre nos apretaba el estómago. Viserys hablaba de él con una mezcla de respeto y temor, aunque para el resto del mundo, Aerion era la prueba viviente de la moneda que los dioses lanzan cuando nace un Targaryen.
-Tú eres el hermano mayor de mi bisabuelo, Aegon quinto.- dije, entrecerrando los ojos, analizando cada rasgo de su rostro.- Eres Aerion Targaryen. Te conocían como "Llama Brillante". El príncipe que se creía un dragón atrapado en un cuerpo humano. El hombre que murió de la forma más estúpida posible, bebiendo fuego salvaje con la esperanza de transformarse.
Aerion se detuvo en seco. Su rostro, antes lleno de suficiencia, se contrajo en una mueca de pura confusión y odio.
-¿Hermano de tu bisabuelo Aegon? ¿De qué tonterías hablas?.- escupió, acercándose tanto que podía oler el rancio aroma de la muerte en él.- Yo solo tengo un hermano llamado así, y es una pequeña rata, un muchacho que prefiere estar con los plebeyos y jugar a ser un caballero andante en lugar de aprender a gobernar. Egg es un tonto, un niño que se esconde bajo los pies de mi padre. ¿Cómo podrías ser tú su descendiente si él apenas es un mocoso que no sabe ni sostener una espada con firmeza?
YOU ARE READING
Los Fantasmas de la Corona
FanfictionUn loco y una conquistadora renacen como hermanos para salvar a la dinastía que ellos mismos ayudaron a destruir.
