¿Los fantasmas cazan conejos? [ 1 ]

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[Mansión Dempsey - 12:38 am]

La mansión de Justin Dempsey vibra con el bajo de la música que retumba desde los parlantes del salón principal.

Hay un sin fin de luces estroboscópicas barren las paredes cubiertas de cuadros caros y espejos enormes, mientras el olor a alcohol caro, perfume y sudor se mezcla en el aire. Afuera, en el estacionamiento de grava, la Yamaha R6 negra de Alex Ross todavía está caliente, el motor apenas acaba de callarse después de que él llegó tarde, como siempre acostumbra hacer.

Definitivamente no es bienvenido ahí.

Adentro, la fiesta está en su punto más alto. Los populares bailan, gritan, se besan en las esquinas, suben stories con filtros ridículos. Y en medio de todo eso, Darelis Gallagher -la conejita de orejas blancas y rosadas, corsé blanco que aprieta su cintura hasta hacerla parecer de porcelana, falda negra corta y medias de red- se mueve entre la gente como si la casa le perteneciera.

Porque en parte, así es.

Todos la miran.

Siempre la miran.

Alex entra por la puerta lateral de la cocina para evitar el tumulto de la entrada principal. La máscara de Ghostface cuelga de su cinturón, todavía no se la pone del todo. Lleva una tank top negra ajustada que deja ver los tatuajes que trepan por sus brazos y cuello: las serpientes enroscadas en el pecho, las raíces que bajan por los hombros, las líneas finas de tinta vieja y nueva. Jeans oscuros, botas gastadas, el pelo revuelto por el casco que dejó en la moto. Huele a gasolina, cuero y el cigarrillo que se fumó en el camino.
Pasa por el borde de la pista improvisada, ignorando las miradas de reojo de varios del equipo de básquetbol y las risitas de las chicas que lo reconocen pero fingen que no.
Busca con la mirada a Liam y Matt -sus dos únicos "invitados" no oficiales-, pero todavía no los ve. Probablemente estén en el jardín fumando o intentando ligar con alguien que no los va a rechazar de inmediato.

Entonces la ve. Darelis está de espaldas a él, riéndose de algo que le dice una de sus amigas mientras sostiene un vaso rojo con una pajita. Las orejas de conejo se mueven un poco cada vez que gira la cabeza. El corsé le marca la espalda y la curva de la cintura de una forma que hace que más de un idiota la mire más tiempo del necesario.

Alex aprieta la mandíbula sin darse cuenta.
Se acerca despacio, rodeando a un par de chicos que bailan mal, hasta quedar a unos metros detrás de ella. No dice nada al principio. Solo la observa. Como si estuviera decidiendo si vale la pena abrir la boca o no.

Finalmente, se inclina un poco hacia adelante, lo suficiente para que su voz grave corte el ruido de la música sin tener que gritar.

—¿Desde cuándo las conejitas entran a mansiones sin que las cacen primero?

Darelis Gallagher

Apenas escucho esa voz, me giro con lentitud y le observo de arriba abajo, evaluándo sin el menor disimulo.

—¿Desde cuándo los freaks como tú son bienvenidos en una de nuestras fiestas? —pregunto, frunciendo el ceño, dejando que el desprecio se note en cada sílaba.

Inclino apenas la cabeza, mirándole con una mezcla de incredulidad y burla.

—¿No te da vergüenza? —continúo—. Hace apenas unas semanas fuiste suspendido por romperle la nariz al anfitrión y dueño de esta fiesta, Justin Dempsey, ¿te suena el nombre?

Pregunto casi que fulminandolo con la mirada.

¿Por qué viene y se hace el idiota luego de haber atacado a mi novio?

Love & WarWhere stories live. Discover now