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Nadie sabe quién dio el primer puñetazo, pero a nadie le importa tampoco.

El caos estalla cuando ambos bandos chocan, cada uno armado hasta los dientes con cuchillos, tubos de metal y cualquier otra cosa que pudieran encontrar. Jungkook esquiva por poco un bate de clavos en la cara agachándose y haciendo el limbo mientras pasa por encima de él. Se apoya en el asfalto, poniendo el peso sobre sus antebrazos, y da una patada para derribar al agresor antes de rodar y inmovilizarlo en el suelo con una rodilla en el pecho. Jungkook le da una paliza a puñetazos, un rápido tres-cuatro, antes de ponerse de pie de un salto y lanzar un codazo a la cara de un miembro rival.

No tiene tiempo para esto. Tiene problemas más importantes que resolver.

Justo en ese momento, oye pasos pesados que se acercan corriendo, pero Jungkook es demasiado lento. En cuanto se gira, recibe un rodillazo en el estómago que casi lo deja sin aliento. Por mucho que lo intente, no puede evitar doblarse de dolor, colocando instintivamente un brazo sobre su estómago magullado. Otro rodillazo le da en la cara, el karma es cruel, y su cabeza sale disparada hacia atrás, con el cerebro dando vueltas.

—¿Acabo de arruinar tu carita, Jungkook-ah? —dice la voz exasperante, clara como el cristal a pesar de los gritos y gruñidos a su alrededor.

Siente cómo la sangre le gotea por la nariz destrozada y la saborea en la boca. Le palpita el cráneo de dolor, sobre todo en la nuca. La posibilidad de que se le haya aflojado un diente le resulta irrelevante en medio de la orden de matar que resuena en su cabeza.

—No tanto como voy a arruinarte la tuya.

Jungkook quizás no sea más que un peón en lo más bajo de la jerarquía, pero si hay algo por lo que es conocido, es por aguantar un golpe y devolverlo con creces. Se echa hacia atrás, ignorando el dolor punzante en el estómago, y se prepara para darle una paliza a Min Yoongi.

Lo que hay entre ellos no es un simple juego del gato y el ratón. Es una batalla entre dos leones que luchan a muerte por ser dueños de territorio.

Yoongi es exasperantemente ágil, tan rápido de pies como de palabras, y se mueve con gracia entre las peleas mientras incita a Jungkook, quien solo le sigue el juego de buena gana, porque sabe que es solo cuestión de tiempo antes de que Yoongi se acorrale. Hay un número limitado de lugares a los que puede escapar, y un número limitado de tiempo que ambos pueden perder.

Su paciencia se ve recompensada cuando su puño golpea la mandíbula de Yoongi, desorientándolo lo suficiente como para rematarlo con un gancho trasero. Gira su pie derecho hacia atrás, dobla el codo en un ángulo de noventa grados, y le propina un puñetazo con toda su fuerza en la cara. Por desgracia, Yoongi es un afortunado que recupera la consciencia lo suficiente como para levantar los brazos y protegerse la cabeza; aun así, su postura es inestable, y la fuerza del puñetazo de Jungkook es suficiente para mandarlo al suelo.

Jungkook se da cuenta de que están en un callejón sin salida, y más allá del zumbido en sus oídos, el estruendo del metal y los gritos de batalla suenan muy lejanos. ¿Hasta dónde los habrá arrastrado Yoongi? Conociéndolo, Jungkook no se extrañaría de que el astuto bastardo hubiera explorado la zona antes.

Bueno, de todas formas no hay adónde huir; y eso es lo único que importa.

Sacude el puño mientras se toma su tiempo para acercarse a Yoongi, que yace tendido en el suelo tratando de orientarse.

En cuanto Yoongi levanta la cabeza y Jungkook vislumbra su estúpida sonrisa, Jungkook lo agarra por la nuca y lo estampa de cara contra la pared de ladrillos. Yoongi es lo suficientemente rápido como para girarse y extender las manos para amortiguar el impacto, pero a juzgar por el leve rebote, al menos se llevará un buen rasguño y un buen moretón.

[ kookgi ]; LHABIAStories to obsess over. Discover now