Kaihn se lanzó sobre su rival empuñando su espada. Sus ojos castaños brillaban y en su rostro asomaba una sonrisa casi maniaca, expresión habitual cada vez que combatía. Su cabello rubio, siempre desordenado y recogido en una descuidada cola de caballo baja, se agitó con el movimiento.
Llevaba dos semanas sin acción, y para alguien que había pasado prácticamente la mitad de su vida navegando y combatiendo, la espera era una auténtica tortura.
La cubierta del carguero era un completo caos y no era para menos, ya que los habían tomado completamente desprevenidos. Kaihn esbozó una sonrisa burlona. Estaba resultando demasiado fácil. Por lo general, además de un vigía, los barcos contaban con uno o dos custodios listos para informar si algo inusual se presentaba. Pero ahí, literalmente, nadie los vio llegar.
Divisó a Nishino a su izquierda, disparando desde una posición elevada sin errar ni una sola vez, mientras la mole que era Nukumo, se encargaba de mantenerlo a salvo. Más adelante, Ruuley y Jasimir trabajaban juntos. Uno se encargaba de derribar a sus oponentes, y el otro los noqueaba. Ese sistema lo habían desarrollado solos con el paso de los años y tal era su eficiencia, que el capitán simplemente los dejaba ser. Luego, a la derecha estaba Yorfin, moviéndose con cautela para desarmar a la tripulación de aquel carguero, y que a los demás les resultara más fácil someterlos. Por su manera de moverse, cualquiera habría pensando que tenía años como miembro del equipo, en lugar de apenas unos meses.
Kaihn golpeó al marinero frente a él en la nuca, dejándolo fuera de combate y alzó la mirada. En el centro de todo, reconoció al capitán Rhysbek, que lo mismo daba órdenes y advertencias a su tripulación, a la vez que parecía adivinar los movimientos de su oponente, al que desarmó en un solo movimiento y, que noqueó con otro.
—¡No se distraigan! ¡No les den oportunidad de agruparse! —ordenó el capitán, y aunque no lo dijo a nadie en particular, Kaihn sintió que iba dirigido a él.
Un poco más atrás, reconoció la figura alta de Vern, con dos rivales ocupándolo al mismo tiempo. Bloqueaba sin dificultad, calculando, esperando el momento exacto con esa paciencia suya que a Kaihn siempre le resultaba innecesaria y exasperante.
Uno de los marineros del carguero se precipitó sobre Kaihn en lo que dedujo era un intento de ataque sorpresa, y que él pudo esquivar sin problemas, para después propinarle un golpe en la cien con el mango de su espada y devolvió su atención a su amigo.
Dos contra uno. Perfectamente manejable para Vern, pero ya se estaba tardando demasiado para su gusto.
Kaihn tomó uno de los cuchillos de su cinturón, el último que le quedaba, y lo lanzó con una trayectoria limpia, y el enemigo a la derecha de Vern se desplomó antes de entender qué había pasado.
Vern despachó al segundo con un solo movimiento, y le dedicó a Kaihn un ceño fruncido.
—De nada —dijo el rubio, con su característica sonrisa despreocupada.
Vern rodó los ojos y se abstuvo de responder, retomando la batalla contra los marineros que aún quedaban. Kaihn abrió la boca para añadir algo, cuando captó un movimiento en su ángulo ciego. Un chico venía directo hacia él, demasiado cerca. Lo vio justo a tiempo para saber que no lo esquivaría.
Por suerte, el disparo de Nishino llegó antes.
El rival se detuvo en seco, soltando su arma y gritando de dolor. Kaihn lo derribó de una patada, lo que también sirvió para hacer tropezar a otros dos marineros que intentaban socorrerlo.
Se encontró con Nishino, y su familiar expresión de paciencia agotada.
—Deja de jugar —le espetó, y devolvió su atención a su siguiente blanco.
DU LIEST GERADE
Canción de viento y mareas: Indómito
FantasyEn un mundo formado por islas que alguna vez fueron un solo continente, las mareas guardan más que corrientes: esconden restos de una civilización antigua cuyo poder aún late bajo las olas. Hoy, los mares pertenecen a los audaces, a los indómitos...
