𝐕𝐚𝐥𝐞𝐧𝐭𝐢𝐧𝐞'𝐬 𝐒𝐩𝐞𝐜𝐢𝐚𝐥 ➸ Porque incluso después de 5 años de matrimonio, jamás faltará amor en San Valentín.
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𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝙊𝙍𝙄𝙂𝙄𝙉𝘼𝙇, 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘱𝘪𝘢𝘴 𝘯𝘪 𝘢...
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El apartamento olía a hogar: a café de la mañana que aún perduraba en el aire, a la crema de avena que Minho había preparado para Jeongin hacía apenas una hora y a ese aroma suave y característico de bebé que impregnaba todo desde que llegó. La luz de febrero entraba tímida por las cortinas entreabiertas, tiñendo de dorado tenue la sala.
Minho estaba descalzo sobre la alfombra gris, meciéndose muy despacio con Jeongin acurrucado contra su pecho. El pequeño tenía seis meses exactos esa semana y ya pesaba lo suficiente como para que los brazos de Minho empezaran a sentirlo, pero él nunca se quejaba. Al contrario: le encantaba esa pesadez cálida, el peso de la vida que habían creado juntos.
Llevaba una sudadera vieja de Jisung —negra, con el logo desteñido de alguna banda que ya ni recordaban— y el cabello rubio platino le caía en mechones suaves sobre la frente. Jeongin tenía los ojos entrecerrados, esa mirada somnolienta que aparecía justo antes de la siesta de media tarde, y sus manitas gorditas se aferraban al cuello de la sudadera como si fuera lo más importante del mundo.
Minho le susurraba tonterías al oído.
—...y entonces el tigre le dijo al conejo: «no me mires así que me dan ganas de comerte a besos»... ¿eh? ¿Te imaginas un tigre enamorado? Sería ridículo...
Jeongin soltó un gorgoteo húmedo, como si estuviera de acuerdo.
La puerta principal se abrió con ese clic suave que siempre hacía cuando Jisung giraba la llave con cuidado para no hacer ruido. Minho levantó la vista y sonrió sin poder evitarlo.
Jisung entró con el abrigo todavía puesto, el cabello castaño un poco revuelto por el viento de la calle y las mejillas ligeramente sonrosadas por el frío. En una mano llevaba su maletín de trabajo; en la otra, un ramo envuelto en papel kraft marrón y cinta beige. Lirios. Muchos lirios blancos, enormes, con pétalos perfectos que parecían brillar bajo la luz tenue.
—Hola, mis amores —dijo en voz baja, cerrando la puerta con el hombro.
Jeongin giró la cabecita al escuchar la voz de su papá y soltó un chillido agudo de emoción, pataleando contra el pecho de Minho.
—Ey, pequeño traidor —rio Minho, besándole la coronilla—. ¿Ya te cambias de bando tan rápido?
Jisung dejó el maletín en el suelo y se acercó despacio. Primero se inclinó hacia Jeongin y le plantó un beso ruidoso en la mejilla regordeta.
—Hola, bebé. ¿Extrañaste a papá? —Luego miró a Minho, y su expresión se suavizó tanto que casi dolía—. Hola, mi amor.
Minho sintió que algo dentro del pecho se le apretaba de la mejor forma posible.
Jisung le tendió el ramo con cuidado, como si fuera de cristal.
—Para ti.
Minho lo recibió con una sola mano, la otra seguía sosteniendo a Jeongin. Acercó la nariz a los pétalos y cerró los ojos un segundo. Olían fresco, limpio, un poco dulce. Perfectos.