Las miradas no se cruzan por casualidad. Se encuentran cuando algo dentro de ti ya estaba buscando sin saberlo. Cuando una parte de ti, aunque no lo admita, necesitaba que alguien la viera de verdad.
Yo nunca fui de creer en destinos. Siempre pensé que las cosas simplemente pasaban, que las personas iban y venían sin un motivo más grande que el momento. Pero entonces apareció esa mirada que no se apartó. Y, por primera vez, sentí que todo lo que había sido antes me había llevado exactamente hasta ahí.
Hay historias que no empiezan con fuegos artificiales. Empiezan en silencio. Con una sonrisa casi imperceptible. Con esa sensación absurda de que el ruido alrededor desaparece aunque todo siga exactamente igual. Empiezan con una certeza que no sabes explicar, pero que se instala en el pecho y ya no se mueve.
La nuestra fue así.
Lenta. Natural. Inesperadamente perfecta.
No hubo promesas imposibles ni palabras grandilocuentes. Solo gestos pequeños que, sin darnos cuenta, fueron construyendo algo enorme. Algo que parecía indestructible. Algo que nos hizo creer que, mientras estuviéramos juntos, el resto del mundo podía esperar.
Nos bastaba con mirarnos para entendernos. Con rozarnos sin que nadie se diera cuenta. Con esa complicidad que no se explica, solo se siente.
Durante mucho tiempo pensé que eso era suficiente. Que cuando dos personas encajan de esa manera, el resto se acomoda solo. Que el mundo, de alguna forma, termina adaptándose a lo que late fuerte.
Y durante un tiempo fue verdad.
El mundo pareció encajar alrededor de nosotros. Las horas pasaban sin pesar. Los días tenían su propio ritmo. Todo era sencillo cuando estábamos juntos. Como si el resto pudiera esperar. Como si el futuro fuera algo lejano que no nos pertenecía todavía.
Nos acostumbramos a esa sensación. A pensar que lo que sentíamos era más grande que cualquier cambio. Más fuerte que cualquier decisión. Más estable que el paso del tiempo.
Y quizá lo era.
Pero el tiempo no se detiene porque tú estés enamorada.
Y un día entiendes que no todas las historias terminan porque se rompen.
Algunas terminan porque crecen.
Y crecer, a veces, significa aprender a soltar incluso aquello que todavía sientes como tu lugar favorito en el mundo.
Lo volvería a elegir.
Incluso sabiendo cómo termina.
☘✭☘
Queridas lectoras,
Aqui os dejo mi nueva historia.
Para mi esta historia significa muchísimo, ya que vais a leer una parte muy personal de mi. La nueva protagonista sera la más parecida a mi que jamas escribiré, y la historia tendrá una pequeña parte de mi vida.
Disfrutarla.
Quiero dar las gracias a las que vengais de mi otro libro "Hasta que el salto ya no alcance".
Y si eres nueva, bienvenida. <3
Muchisimas gracias como siempre.
Os amo<3
YOU ARE READING
Tanto ocultar
Teen FictionNaia Valero nunca tuvo planes que incluyeran enamorarse. Blas Vidal tampoco esperaba que una mirada en primero de bachillerato fuera a cambiarle los dos años más importantes de su vida. Lo suyo no fue un flechazo imposible. Fue algo peor. Fue real. ...
