Prólogo

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Vittoria Moretti aprendió temprano que el silencio también era un idioma. A sus dieciocho años, sabía distinguir el peso de una palabra no dicha, el peligro oculto en una mirada demasiado larga, la calma engañosa de una mesa bien servida. Era la hija de Salvatore Moretti, y ese apellido abría puertas al mismo tiempo que las cerraba para siempre.

Desde la ventana de la casa familiar en Brooklyn, Vittoria observaba una ciudad que no le pertenecía del todo. Nueva York vibraba de noche con música, alcohol clandestino y promesas rotas, mientras ella vivía protegida por hombres armados y decisiones tomadas sin consultarla. Tranquila, reservada, tímida, llevaba su destino como un abrigo pesado: con elegancia, pero sin elección.

Aquella noche, en La Stella d’Oro, el restaurante bajo la protección de su familia, Vittoria creyó que sería una cena más. Un lugar seguro. Territorio Moretti. Nada imprevisible.

Entonces la vio.

Lucia Romano servía mesas con una sonrisa fácil y una risa que parecía no conocer el miedo. Había algo en ella —en su forma de moverse, de hablar, de existir— que rompía todas las reglas que Vittoria había aprendido a respetar. Sus miradas se cruzaron apenas un segundo, lo suficiente para que el mundo conocido de Vittoria se desplazara imperceptiblemente de su eje.

Vittoria no lo sabía aún, pero ese instante marcaría el comienzo de una vida distinta. En una ciudad gobernada por la ley, la mafia y el silencio, su mayor desafío no sería traicionar a su familia… sino atreverse a desear algo que jamás le estuvo permitido.

Amarte fue mi condenaStories to obsess over. Discover now