Lilly Bainbridge lo escuchó primero en la lluvia: una cadencia irregular contra el asfalto, como pasos que no coincidían con nadie visible. Caminaba rápido, pero no corría. Correr en Derry siempre hacía las cosas peores.
Cuando llegó a la parada del autobús abandonada, Patricia Stanton ya estaba ahí, empapada, con los brazos cruzados y la mirada fija en la oscuridad.
—Volvió a pasar —dijo Patricia sin mirarla—. Anoche soñé con el agua subiendo por las paredes.
Lilly se quedó a su lado. El alivio de no estar sola fue inmediato… y peligroso. —Yo escuché risas en el desagüe de mi casa.
El silencio que siguió fue pesado. Muy pesado.
El foco de la calle parpadeó y se apagó. En ese segundo de oscuridad, algo pasó entre ellas: Patricia tomó la mano de Lilly. No por valentía. Por miedo.
Y Lilly no la soltó.
—Si esto termina mal… —empezó Patricia.
—No va a terminar mal —respondió Lilly, acercándose apenas—. No mientras estemos juntas.
La biblioteca vieja apareció frente a ellas como un cadáver que nadie se animó a enterrar. La puerta volvió a abrirse sola, con un quejido largo, casi feliz.
Adentro, el olor a moho se mezclaba con algo más dulce. Demasiado dulce.
—Eso no es normal —susurró Lilly.
Desde el fondo del pasillo, una voz infantil canturreó una melodía sin palabras. Las estanterías temblaron. El suelo crujió bajo sus pies como si respirara.
Patricia apretó la mano de Lilly con fuerza. —Tengo miedo.
Lilly la miró. En medio de toda esa oscuridad, pensó que si tenía que elegir algo real en Derry, era eso: Patricia. Su calor. Su presencia.
—Yo también —dijo—. Pero no de vos.
Algo se arrastró entre las sombras. Un reflejo blanco. Un globo que rebotó suavemente contra el techo.
La risa volvió. Más cerca.
Patricia dio un paso atrás… y chocó contra Lilly. Por un segundo quedaron así, respiración contra respiración, el mundo reducido a ese espacio mínimo.
—Si salimos vivas… —murmuró Patricia.
—Vamos a salir —dijo Lilly, apoyando la frente en la de ella—. Y después… hablamos de nosotros.
El globo explotó.
La biblioteca gritó.
Y Derry, por primera vez en mucho tiempo, tuvo miedo de dos chicas que se negaban a soltarse.
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