Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

Introducción

28 0 0
                                        








.✧.✦.✧.•☾•.✦.✧.✦.✧
"Burned letters"
Steve Harrington

✧"Burned letters"Steve Harrington

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.



•*'¨'*•.¸¸.•*'¨'*•.¸¸.•*'¨'*•.¸¸.•*


Desde el otro lado del pasillo, las risas siempre sonaban igual, altas y dolorosas. Josephine no necesitaba girarse para saber quién estaba al centro de ellas. Steve Harrington siempre ocupaba el centro de todo ahora, el chico que conocía desde los siete años, el que sabía exactamente cómo le temblaban las manos cuando escuchaba voces detrás de ella, el que había escuchado de su propia boca historias que nadie más conocía, ahora se reía como si nunca hubiese sostenido sus secretos entre los dedos.
Josephine no podía creer que el mismo niño que una vez le prometió que siempre la elegiría por delante de todos, ahora elegía burlarse de ella frente a todos.

Jo le había contado todo, incluso lo de Sarah,
lo poco que recordaba de su hermana mayor, más sueños que memorias reales, sus manos pequeñas sosteniendo las suyas, risas en el jardín, el eco de las minis peleas que tenían por cosas insignificantes y todo eso antes de que la casa se volviera silenciosa para siempre, le había contado cómo su madre comenzó a mirarla como si fuese ella la culpable que su hija mayor ya no esté, se sentía un estorbo en pocas palabras, también le contó cómo el dolor se transformó en gritos y golpes constante hacia ella, le contó que su padre la salvó una noche, la tomó de la mano y se la llevó lejos, Jo pensó que eso significaba empezar de nuevo.

Pero empezar de nuevo no siempre significa sanar.

Hopper la salvó, sí, pero después se encerró en el trabajo, en el alcohol y cayó en depresión
y Jo se quedó en una casa nueva, en un pueblo nuevo, con un padre roto y demasiadas cosas que nunca se dijeron y todo eso lo sabía Steve, cada miedo, cada sueño, cada vez que Jo confesó que quería ser escritora, que quería irse lejos, que quería escribir y pintar hasta que le salieran ampollas en los dedos, y aun así, fue él quien le terminó de romper el corazón.

Una carta, fue una simple carta ¿Qué tan malo puede ser declarase al chico que te gusta con una carta? Pues lo peor que pudo haber pasado,  fue un acto de valentía desesperado un papel doblado tres veces y tinta manchada en una esquina por nervios, una confesión sencilla, me gustas y siempre me has gustado.

Técnicamente si hubo una respuesta y llegó al día siguiente, una pequeña hoja arrugada sobre su carpeta, Jo al mirar el simple papel hizo que sintiera que el corazón lo tenía en la garganta, lo abrió con mucho cuidado pero sus manos sudorosas por los nervios impedían eso, aveces solo aveces Jo hubiera deseado no abrir esa carta y leer lo que decía, no era una respuesta dulce, era cruel y muy dolorosa, Jo leyó cada línea sintiendo cómo algo dentro de ella se cerraba y ese fue el día que decidió irse antes de que el rechazo la consumiera

Lo que nadie nunca supo es que Steve no había escrito esa carta ni siquiera la había recibido, ese día él esperó verla en el recreo sentada a su lado, riéndose de su cabello lleno de gel y robándole comida, pero solo le tocó ver cómo ella de un día para otro dejó de mirarlo y dejó de elegirlo, Jo cambió de asiento, empezó a ignorarlo y empezó a pasar tiempo con el freaky Jonathan Byers.

Para Steve, fue abandono y para Jo, fue humillación.

Pero todo iba a pasar ¿no? Al fin de cuentas solo eran unos niños de 12 años, pero lamentablemente el rencor y el resentimiento creció con ellos.

Él creció hacia arriba, popular, seguro y rodeado de gente superficial, por otro lado, ella creció hacia adentro, más callada y más difícil de entender, ahora era rubia bueno ironicamente rubia, la misma que antes se burlaba de las chicas "oxigenadas", la que le importaba lo más mínimo que decían acerca de ella, la que no podía vivir sin lustrar sus zapatos y la que usaba vinchas de todos los colores y que combinara las medias con ellas, como si el mundo dependiera de eso, la misma que decía que jamás cambiaría por nadie.

Algo que Jo no había cambiado es que seguía teniendo un lápiz entre los dedos, siempre, mayormente lo giraba cuando estaba ansiosa, dibujaba cuando no quería hablar, escribía cuando sentía que el pecho le pesaba demasiado.

Algo que amaba dibujar eran las arañas, le parecían criaturas incomprendidas y solitarias, capaces de construir algo hermoso incluso en rincones que nadie mira, veía un poco de ella en ellas.

Con respecto a la amistad, había algo en lo que si le iba bien y era que amaba a sus amigos con una intensidad casi feroz, aunque solo tenía a Jules y Jonathan, los dos que se quedaron a su lado a pesar de todo, de las peleas y diferencias pero tenían muchas cosas en común y una de ellas era que pensaban que la amistad iba por encima de todo.

Y en el otro lado del pasillo, Steve seguía riendo  aveces sobre su grupo, aveces sobre su cabello, aveces sobre "lo rara" que se había vuelto, pero Steve no se reía porque no le importara, se reía porque era más fácil que admitir que nunca la dejó de mirar.

Porque todavía veía a la niña de siete años cuando la veía caminar, todavía recordaba cómo ella se emocionaba al hablar de libros, todavía recordaba el día que ella le contó lo de su madre, con la voz rota, pidiéndole que no la mirara diferente y como ese día él se dijo a sí mismo que siempre la defendería y protegería de cualquier mal.

Y lo que más le dolía no era que ella cambiara, era el no saber por qué ella lo dejó atrás, así que convirtió la confusión en burla, el cariño en orgullo y la culpa en crueldad.

Era más sencillo ser el gran idiota que era a preguntarle por qué ya no lo quería, pero el daño ya estaba hecho.

Y lo irónico era que, en el fondo, ambos se habían convertido en versiones de sí mismos que juraron odiar

Jo era intensa, observadora, demasiado consciente de lo que otros callaban, tenía una sensibilidad que podía convertirse en arma o en herida, era leal hasta el extremo, guardaba rencores como si fueran diarios secretos y cuando amaba, lo hacía sin medida.

Lo que Josephine Hopper no sabía, era que esa intensidad no venía solo de su padre,había algo más, algo que no era completamente suyo, algo que la observaba desde lejos mucho antes de que ella supiera que existía, alguien que también había amado demasiado, que también había sido rechazado, que también convirtió el dolor en algo oscuro, alguien que amó de una forma real... y peligrosamente obsesiva y sin saberlo Jo, llevaba años sintiendo su presencia como un eco.

Como si la reconociera.

Como si, en algún lugar que no pertenece a este mundo, alguien hubiera decidido que Josephine siempre fue suya primero.

Y que tarde o temprano...
vendría por ella.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Mar 13 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

BURNED LETTERS // Steve Harrington Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora