La misión ya llevaba horas.
El cielo estaba cubierto por una nube espesa de humo y ceniza que no dejaba pasar la luz del sol. Las sirenas habían dejado de sonar hacía rato; no porque la batalla hubiera terminado, sino porque ya no quedaba nadie para responder a ellas. El suelo estaba marcado por grietas, restos de edificios colapsados y herramientas de héroes abandonadas, como si el campo de batalla hubiera decidido tragarse la esperanza junto con los cuerpos.
Izuku corría.
No sabía exactamente desde cuándo, solo sabía que sus piernas se movían por inercia, impulsadas por una mezcla de miedo y responsabilidad. Había visto caer a demasiados héroes ese día. Nombres, rostros, voces que conocía… todos convertidos en silencios incómodos. Su respiración era irregular, el pecho le ardía, pero no se detenía.
Entonces la vio.
Nejire Hado estaba a unos metros de distancia, flotando apenas sobre el suelo, luchando contra un villano que no dejaba de regenerarse. Su cabello azul se movía errático, ya no con esa energía despreocupada que solía tener, sino con una urgencia distinta, más pesada. Aun así, seguía peleando. Siempre lo hacía.
Izuku se quedó quieto por una fracción de segundo.
No eran amigos.
No eran cercanos.
Ni siquiera hablaban demasiado.
Era solo una conocida. Una presencia constante en la academia. Una chica curiosa, amable, demasiado luminosa para un día como ese. Izuku la había visto sonreír cientos de veces, hacer preguntas absurdas en medio de entrenamientos serios, reírse cuando nadie más lo hacía. Nunca pensó demasiado en ella… hasta ahora.
El villano atacó con una explosión de energía que lanzó a Nejire contra los restos de un edificio derrumbado. El impacto fue seco. El sonido le recorrió la espalda a Izuku como un escalofrío.
—¡Nejire! —gritó sin pensarlo.
Ella intentó incorporarse. Lo logró a medias. Su respiración era irregular, pero seguía consciente. Sus ojos se movieron rápido, buscando una salida, una oportunidad, ayuda.
Y entonces lo vio a él.
Sus miradas se cruzaron.
No fue una mirada larga. No fue dramática. Fue breve, casi imperceptible. Pero en ella había algo que Izuku no supo interpretar en ese momento: sorpresa… y alivio.
Izuku podía salvarla.
Lo supo al instante.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente: un paso al frente, energía acumulándose, el cálculo automático de trayectorias activándose en su cabeza. Si se movía ahora, si arriesgaba ese impulso, podía alcanzarla, sacarla de ahí, ponerla a salvo.
Pero entonces dudó.
El villano era fuerte.
Había demasiados enemigos alrededor.
Su cuerpo estaba exhausto.
Si fallaba… morirían ambos.
Un segundo.
Solo uno.
Izuku pensó en la misión.
Pensó en los civiles.
Pensó en cuántos ya habían muerto ese día.
Pensó en si valía la pena arriesgarlo todo por alguien que… en el fondo… no conocía realmente.
Ese pensamiento lo atravesó como una cuchilla invisible.
El ataque llegó antes de que pudiera decidir.
Una ráfaga brutal impactó directamente a Nejire. No hubo explosión exagerada ni gritos prolongados. Solo un golpe final, definitivo, que apagó el brillo que la rodeaba. Su cuerpo cayó al suelo sin resistencia, como si el mundo hubiera decidido que ya era suficiente.
