Capítulo 1

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𝐍𝐨𝐭𝐚: Esta es la segunda parte del fic Kintsugi. Si todavía no leíste la primera parte, te animo a hacerlo antes de leer Musubi.

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El frío del invierno había dado una tregua aquella mañana de miércoles. El día había amanecido soleado, con menos viento del habitual, haciendo el clima más soportable que en los últimos meses.

Dante se había levantado primero para ducharse y, de paso, preparar el desayuno. Aquel día tenía cita con su psicólogo y quería salir con tiempo para no llegar tarde.

Lady, en cambio, seguía durmiendo plácidamente hasta que el sonido del despertador rompió la calma de la habitación. Soltó un suspiro pesado y estiró la mano derecha para apagarlo.

Se quedó unos segundos inmóvil antes de incorporarse despacio. Al hacerlo, llevó ambas manos a la cabeza y masajeó sus sienes con lentitud.

-Maldita sea... -murmuró en voz baja mientras se colocaba las zapatillas.

El dolor de cabeza no era lo único que la molestaba. Al ponerse de pie, un leve mareo la obligó a apoyarse en la pared mientras avanzaba hacia la cocina, caminando con cuidado.

-Buenos días -saludó al llegar, forzando un tono animado.

-Buenos días -respondió Dante desde la encimera.

La sonrisa que había acompañado su respuesta se borró casi de inmediato al ver el rostro de su novia. Sin pensarlo, dejó la jarra de café en la cafetera y caminó hacia ella con el ceño fruncido por la preocupación.

-¿Te encuentras bien? -preguntó, rodeando su cintura y atrayéndola hacia él.

-Sí, estoy bien -respondió ella, rodeándole el cuello y restándole importancia-. Solo me duele un poco la cabeza y me mareé al levantarme, pero nada que no pueda controlar.

-Trabajas demasiado -replicó él con un suspiro-. Sigo insistiendo en que deberías pedir algunos días libres.

-Ya tuve días libres -contestó con suavidad-. Además, no es la primera vez que me pasa... y tampoco será la última. Con dormir bien un día suele bastar.

Dante no dijo nada. Su expresión de desaprobación hablaba por sí sola.

-Oh, vamos, Dante, no me pongas esa cara -dijo ella haciendo un leve puchero-. Te prometo que estaré bien -añadió acariciándole las mejillas con ternura-. No te enfades, ¿sí?

-No estoy enfadado -respondió con cierto cansancio-. Solo no me gusta que seas tan terca con este tema.

Se apartó despacio, como si decidiera no insistir más, y cambió de asunto.

-En fin... te preparé el desayuno.

Lady siguió su gesto hasta la mesa y abrió los ojos con sorpresa.

-¿Hiciste tostadas con huevo?

-Por supuesto -respondió él con una sonrisa-. Llevas días diciendo que te apetecen y pensé que hoy era un buen día para prepararlas.

Ella sonrió ampliamente y no dudó en inclinarse para darle un beso rápido, a modo de agradecimiento.

-Te amo -susurró.

MusubiWhere stories live. Discover now