El laberinto de rosas de Heartslabyul estaba en silencio después del atardecer; los últimos pétalos carmesí atrapaban la luz de la luna como tinta derramada. Riddle estaba sentado al borde de la fuente, con el libro de reglas equilibrado en las rodillas más por costumbre que por necesidad. No lo había abierto en veinte minutos.
Unos pasos —deliberadamente lentos, familiares— se acercaron por detrás.
—Llegas tarde —dijo Riddle sin girarse. Su voz no tenía ni rastro de su habitual filo.
Trey soltó una risita baja y cálida.
—Solo tres minutos. Tuve que terminar la última hornada de tartas. De fresa… tus favoritas. —Se sentó a su lado en el borde de piedra, lo bastante cerca como para que sus hombros se rozaran. En sus manos: un platito con dos tartas perfectas, aún tibias, espolvoreadas con azúcar glasé como nieve fresca.
Los dedos de Riddle se crisparon hacia el libro.
—Pasó el toque de queda. La Regla 53 establece claramente que…
—…que el líder y el sublíder del dormitorio pueden extender el horario por asuntos oficiales —terminó Trey con suavidad. Acercó el plato un poco más—. Esto cuenta. Asunto oficial de sublíder: asegurarme de que el líder del dormitorio coma algo que no sea solo té y rencor.
Las mejillas de Riddle se tiñeron del mismo rojo que las rosas.
—No como… con rencor.
—Tomaste seis tazas de té negro hoy y lo llamaste almuerzo. —Los ojos verdes de Trey se arrugaron detrás de las gafas—. Lo estoy contando como grito de auxilio.
Un silencio largo se extendió entre ellos. No incómodo, exactamente… solo cargado con todo lo que nunca habían terminado de decir desde el overblot. Desde la pelea en el laberinto. Desde que Trey por fin alzó la voz y Riddle por fin escuchó.
Riddle miró la tarta.
—Siempre hacías esto —murmuró—. Incluso de niños. Cuando mi madre te descubrió y te prohibió acercarte a la casa… igual dejabas dulces en la pared del jardín la semana siguiente. Con una nota tonta que decía “Regla #1: Los amigos no dejan que los amigos se mueran de hambre”.
Trey rio por lo bajo.
—Tenía once años. Mi letra era horrible y mis tartas peores. Pero igual te las comías.
—Me las comía. —La voz de Riddle se suavizó hasta volverse casi frágil—. Todas y cada una. Incluso las que estaban quemadas por abajo.
Trey estiró la mano despacio, dándole tiempo a Riddle para apartarse si quería. No lo hizo. Los dedos de Trey rozaron la mejilla de Riddle, el pulgar atrapando un copo de azúcar glasé que de algún modo había migrado hasta allí.
—Todavía tienes esa costumbre —dijo Trey en voz baja—. Ensuciarte de azúcar cuando estás nervioso.
Riddle se quedó inmóvil bajo el toque, los ojos muy abiertos.
—No estoy…
—Claro que sí. —La mano de Trey se quedó allí, cálida contra la piel fría—. Primero se te ponen rojas las orejas. Luego la nariz. Y después empiezas a citar reglas como si fueran una armadura.
Riddle tragó saliva.
—Y tú siempre ves a través de todo.
—Siempre lo he hecho. —Trey se inclinó solo un poco—. La pregunta es… ¿alguna vez vas a dejar que haga algo al respecto?
El murmullo de la fuente se volvió de pronto muy fuerte.
La mirada de Riddle bajó a la boca de Trey, luego volvió a subir —vacilante, esperanzada, aterrorizada al mismo tiempo—.
—No hay una regla para esto.
Trey sonrió, suave y seguro.
—Entonces hacemos una.
Cerró la distancia.
El beso sabía a fresas y a perdón —lento, cuidadoso, como si Trey temiera que Riddle se rompiera si apretaba demasiado. Las manos de Riddle se aferraron a la chaqueta del uniforme de Trey, atrayéndolo más cerca en vez de apartarlo. Un pequeño sonido sorprendido escapó de él cuando las gafas de Trey chocaron contra su mejilla; Trey rio contra sus labios y las ajustó sin romper el contacto.
Cuando se separaron, Riddle respiraba agitado, con la frente apoyada en el hombro de Trey.
—Esto… va en contra de al menos diecisiete edictos de la Reina de Corazones.
—Probablemente. —Trey besó la coronilla de Riddle, justo donde su cabello se partía en esa línea perfecta de carmesí—. ¿Valió la pena?
Riddle guardó silencio un largo momento.
Luego, en una voz tan pequeña que apenas se oyó sobre el agua:
—…Hazlo otra vez.
Trey sonrió, con todos los dientes y todo el cariño del mundo.
—Sí, Líder del Dormitorio.
Y lo hizo.
(Y en algún lugar entre los rosales, el flash de la cámara del teléfono de Cater se disparó —en silencio, discretamente, porque algunos momentos merecían ser recordados para siempre. Aunque le costara una semana de collares mañana.)
Fin. 🌹
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Twisted Wonderland One shots
FanfictionVen y sumérgete a un mundo de posibilidades ✨ Dónde el único límite es tu imaginación y tu moral ⚠️Algunos One shot contienen contenido explícito, leer bajo su responsabilidad⚠️
