El problema de huir no era el cansancio.
Nathan había aprendido a convivir con el hambre, con el frío que se metía entre los huesos y no pedía permiso, con el sueño ligero de quien duerme esperando correr.
Eso era rutina.
El verdadero problema era el silencio.
Ese instante breve en el que el mundo parecía contener la respiración. Ahí era cuando algo iba mal.
Nathan se detuvo bajo el puente, el eco lejano de la ciudad vibrando sobre su cabeza como un animal enorme que nunca dormía. El río avanzaba lento, oscuro, cargando reflejos rotos de luces amarillas. Se apoyó contra una columna de concreto y cerró los ojos solo un segundo.
No debía hacerlo.
Nunca debía hacerlo.
Pero el pulso le martillaba las sienes y sentía ese calor familiar bajo la piel, como brasas esperando aire.
-Tranquilo... -murmuró para sí mismo.
El calor bajó un poco. No desapareció. Nunca lo hacía.
Desde los ocho años sabía que algo en él estaba mal. No "raro". No "especial". Mal, en el sentido en que lo estaban las cosas que rompían a otras cosas con solo existir.
Recordó el primer día que se manifestó. Sangre en el suelo del hogar de acogida. Una pared abierta como si la hubieran cortado con una cuchilla invisible. Adultos gritando. Niños gritando. El miedo vibrando en sus ojos, miedo provocado por él.
Y luego... ellos.
Gente como él.
Desde entonces, Nathan corría.
Cambió de ciudad, mas veces de las que podia recordar. Aprendió a no mirar a nadie demasiado tiempo. A no quedarse. A no encariñarse. Porque cuando lo hacía, algo siempre terminaba muerto o huyendo.
No lo malinterpreten, odiaba ese lugar, y a cada una de las personas que habitaban allí. El "hogar" de acogida, nunca se sintió un hogar de verdad.
Eso no significaba que merecieran el final qué tuvieron a manos de... ellos.
Las personas de las que huia.
El grupo que decía buscar su bien, sin embargo la manera de hacerlo era algo contradictorio. Las cicatrices de su cuerpo eran el claro ejemplo del único tipo de ayuda que le podían ofrecer.
Nathan abrió los ojos ante las cuatro presencias que se acercaban a él lentamente. Una pesada, magnética, como hierro retorcido. Las otras dos más pequeñas, curiosas.
Mutantes.
Era fácil reconocerlos ahora, después de tantos que habían ido a por él durante esos seis años.
Nathan subió rápidamente a uno de los árboles qué tenía cerca, alerta ante cualquier mínimo movimiento que aquellos que lo buscaban hicieran.
-¡Woah!
Nathan profirió un grito de sorpresa mientras saltaba cuando el árbol en el que se encontraba cayó en picada.
-Lo encontré, Charles-dijo una voz grave, proveniente de donde hace unos segundos se erguia el árbol.
Nathan gruño y estiró su mano rápidamente.
-Te lo advierto, déjame -dijo Nathan-. No me importa quien seas, si te acercas, te mato.
-No me gustan las amenazas, mocoso.
El hombre salió de entre las sombras. Era bajo, mas bajo que el, tal vez del porte de un niño de doce años.
KAMU SEDANG MEMBACA
Poder Maldito.
Fiksi PenggemarNathan Hale es el último heredero de un linaje mutante maldito, creído extinto desde hace siglos. Cuando el pasado despierta, el mundo Marvel descubrirá que hay legados que no se pueden enterrar.. historia ambientada en los sucesos del UCM y Marvel...
