Nadie, en mis dieciocho años de edad, me advirtió lo que significaba enamorarse de algo que sabías que nunca podrías tener. Lo que era ver a esa persona tan lejos y, a la vez, tan cerca de mí; escucharla hablar con las personas a mi alrededor y que ni por error volteara a verme. Mis noches, llenas de insomnio, estaban hechas para pensar en ella; y en aquellas donde el cansancio y el sueño cumplían su función, su rostro perfecto se colaba en cada uno de mis sueños. Mis pinturas empezaron a retratarla a ella: muchas veces con un atardecer detrás; otras... me miraba como sé que nunca lo hará. En eso se resumió mi vida por varios meses, hasta que algo cambió... y ella me miro.
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ay papá
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La Distancia más Cercana.
Teen FictionLa obsesión y el amor llevan a la locura por igual.
