El desconcierto ha azotado al pequeño pueblo de Morella sin previo aviso.
Una joven estudiante de la escuela secundaria de San Augusto, Lenore Mordrake, ha sido reportada como desaparecida, tras no haber sido encontrada en su propio hogar el día de...
«ALGUNAS PERSONAS PUEDEN APRECIAR EL ARTE QUE SE ENCUENTRA EN LA MUERTE Y EN LA LIBERTAD»
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Lenore, Lenore, Lenore.
Oh, querida muchacha de hebras tan oscuras como las plumas del cuervo, de piel clara como la luna y ojos negros como la noche más estrellada. Realmente tuviste que ser adorada por tus padres. Pocos niños podrían presumir de ser tan amados, a tal punto de ser nombrada como un personaje de uno de los poemas más famosos de la extensa carrera literaria de Edgar Allan Poe.
Deseosa de conquistar el mundo, de tomar las riendas y ser la protagonista de tu propia vida. Esa siempre has sido tú, nadie más que tú. Naciste para vivir al máximo y aprovechar toda la libertad y la dicha que ofrece el mero hecho de agradecer estar vivo.
Pero, al igual que la Lenore difunta del propio poema, también te has ido. Nos has dejado atrás. Los has dejado a ellos, despojados de absolutamente todo.
¿A dónde fuiste a parar?
¿A quiénes viste ese último día?
¿A quiénes conociste a lo largo de tu vida?
¿Con quiénes huiste?
¿O te fugaste con nadie más que tu propia voluntad como compañía?
Nadie más que tú sabrá lo que te pasó. Nadie sabrá qué lograste ver. Nadie sabrá nada por el momento.
Pero los únicos que parecen estar dispuestos a buscarte son tus amigos. No necesitas de cuervos gritando en coro «Nunca más», sino a amigos y dos padres gritando tu nombre, buscando pistas en la brisas y trizas, amándote desde donde sea que te encuentres ahora.
Mas no hay que temer, porque fortuita serás, Lenore. Dios hace sus milagros cada tanto; a veces tarde, pero tarde siempre será mejor que nada.
Deséales buena suerte a tus queridos amigos para resolver tu extraño caso.
Deséales suerte para que ellos te guíen de vuelta a casa.