El sonido de los pájaros cantando, las familias y amigos platicando suavemente a su alrededor, el viento de primavera que alborotaba un poco su flequillo eran los compañeros perfectos para la mañana tranquila que estaba teniendo Lisa, quien remojaba una vez más su pincel en el pequeño espacio con agua que traían sus acuarelas portátiles.
Tomaba otro color antes de pasar el pincel con sumo cuidado sobre las hojas de su libreta que utilizaba para dibujos rápidos. Su musa el día de hoy era un lirio; desde que lo vio atrapó su atención y no tardó en sentarse enfrente de él a capturar tan delicada flor. Su madre había hecho un cuadro colorido para su habitación de la infancia; muchas veces había intentado recrear el sentimiento de feminidad y elegancia que tanto le gustaba de esa obra, fallando rotundamente, pero le gustaba seguir intentando hasta tener muchas flores en sus múltiples sketchbooks.
La música suave sonaba desde su celular asentado en el césped. La canción llamada Grapejuice había sido interrumpida por el sonido de la alarma que había puesto treinta minutos antes de que su clase empezara, indicando que ya era momento de recoger sus cosas y caminar un par de minutos hasta la universidad, donde llevaba tres meses tomando diferentes materias sobre arte, técnicas, pero también historia. Toda la información relacionada con el mundo que Lisa había amado desde que tiene memoria era bien recibida.
El día estaba soleado, la primavera se respiraba en el aire a pesar de que Londres era una ciudad fría. Los botines de Lisa hacían ruido contra la banqueta junto con otras personas que caminaban igual de apresuradas que ella, cada quien en su propio mundo, sumergido en sus propios pensamientos o pláticas.
Lisa no pudo evitar notar a los padres que parecían estar llevando a su hija adolescente de compras en esta calle que era de las más populares de la ciudad. Una sonrisa se extendió por su rostro mientras seguía su camino. Llevaba tres meses lejos de Tailandia y ya extrañaba a todos terriblemente, pero sabía que no cualquier artista se podía tomar el lujo de vivir un intercambio en un país tan impresionante como Inglaterra. Además, había conocido a varios artistas por aquí, de diferentes partes del mundo. Lisa era una persona amable y alegre; definitivamente, hacer amigos nunca había sido difícil para ella.
Sin darse cuenta, estaba llegando justo a tiempo a las puertas de su clase, donde rápidamente tomó asiento y se dispuso a sacar de su bolsa los materiales necesarios para esta clase de pintura en óleo sobre lienzo.
Lisa escuchaba atenta al profesor mientras trabajaba en su pintura. Si era honesta, estar en una clase en un país extranjero junto a muchas personas igual o más talentosas que ella era completamente aterrador. Aunque tratara de no sobrepensarlo mucho, si algo este viaje le había enseñado hasta el momento era lo pequeño que era su mundo.
Toda su vida ha vivido en la misma ciudad, pasando por las mismas calles, con amigos que conoce desde pequeña y con una familia pequeña pero que siempre ha estado ahí. La cotidianidad era algo que Lisa disfrutaba mucho, pero que al mismo tiempo no le hacía mucho bien a su inspiración.
Una vez, una de sus maestras había dicho: "El artista tiene que vivir para crear; si no tienes historias propias, ¿qué es lo que vas a contar a través de tu obra?". Y a sus veintiséis años, Lisa sabía que eso era totalmente verdad. No es como que su vida fuera dolorosamente aburrida en su ciudad natal, pero esa sensación de saber que hay todo un mundo afuera era lo que la debía de mantener creando, conociendo y viviendo.
—No lo haría tan detallado— La voz de su profesor detrás de ella logró que diera un brinco, haciendo que soltara una leve risa— Es preferible mantener el foco en este edificio, no necesitas que el fondo tenga demasiado—
—Claro, gracias—contestó Lisa, dando unos pasos atrás para mirar mejor el lienzo en el que estaba trabajando.
No pudo evitar ver las obras de los demás alumnos. Sabía que a muchas personas les gustaba lo que hacía; había tenido un par de exposiciones en Bangkok y había vendido muchas pinturas, pero siempre que miraba las pinturas de los demás se quedaba sin aire. Se obligaba a regresar la mirada a su pintura y continuar en lo suyo, pero sus pinceladas eran dudosas bajo la expectante mirada de su profesor.
Estar en Londres era un sueño, una oportunidad enorme para crecer profesionalmente, pero vaya que podía ser cansado, sobre todo mentalmente, para alguien que siempre se ha comparado con todo lo que la rodea. Esa sensación de estar ocupando un lugar que no le pertenece definitivamente siempre perseguía a Lisa, sin importar cuántas veces sus amigos o familiares le dijeran lo buena que era en esto.
Mientras los minutos pasaban, Lisa miraba ocasionalmente su celular por los mensajes que le iban llegando del chat de su grupo de amigos o de mamá y papá. Seguía asombrándole cómo en Londres el reloj apenas marcaba las dos de la tarde y en Tailandia su familia ya estaba a punto de dormir.
Después de un par de horas más en clase, el atardecer llegó y el día había terminado para ella. Después de recoger todas sus cosas y manchar una prenda más de pintura, pudo irse al departamento que había estado rentando por estos meses. Era pequeño, pero ideal para el hogar provisional que había construido en estas semanas.
El camino a casa fue silencioso, como normalmente era en Londres. No le molestaba; de hecho, Lisa disfrutaba bastante su tiempo a solas. Sabía que era bastante útil para crear y, con la exposición que planeaba hacer a finales de año, vaya que las ideas eran valiosas. Ahora mismo no llevaba ni dos obras enteras terminadas y, para ser honestos, el galerista la tenía de nervios, presionándole para tener como mínimo diez obras terminadas.
De solo pensarlo se agobiaba, pero bueno... las oportunidades para artistas emergentes eran algo que se debía tomar sin pensarlo. Esto no le sucedía a todo el mundo.
Al llegar a casa, abrió la puerta y se quitó los zapatos para andar en calcetas mientras iba a su habitación por una playera ancha y unos shorts cortos. Su cena sería la misma de ayer: ensalada de atún. Definitivamente, la cocina no era uno de los talentos de Lisa, pero sabía arreglárselas.
No le encantaba la idea de pasar mucho tiempo en su departamento; el silencio tan abrupto que había era un tanto incómodo. Las teclas que presionaba en su laptop se escuchaban perfectamente mientras seguía comiendo su cena.
Mañana empezará a tomar una nueva clase: Narrativa Visual. La piel se le erizaba de emoción de solo verlo ahí escrito en su calendario; por este sentimiento era justamente por el que había venido a Londres: absorber todo el conocimiento que pudiera como una esponja.
Al terminar su cena, miró de nuevo el lienzo a medio terminar de la segunda obra que estaba haciendo para una exposición que aún seguía sin tener ningún tipo de temática o incluso historia. Solo era algún boceto que le había parecido interesante de una de sus tantas libretas.
Exhaló profundo. Definitivamente no le gustaba cómo iba quedando; tal vez incluso tendría que empezar de nuevo.
Cansada e incluso un poco derrotada por su inspiración nula, apagó la luz y se dirigió a su habitación. Después de una ducha con agua caliente y ponerse la pijama, estaba lista para irse a dormir.
"No puedes hacerme esto, no cuando tenemos una exposición tan importante en la que estar enfocadas". Debe de estar quedando loca, porque ya sentía que hablaba más consigo misma que con otras personas.
Pero la realidad es que a otras personas no podía contarles lo que siempre pensaba antes de dormir: la ansiedad o incluso el miedo que la interrumpían cuando quería dormir, o empezar una nueva obra, o continuar con la que ya tenía, o... últimamente, en todo momento.
La falta de inspiración no era problema para Lisa. La pintura siempre había sido su lenguaje, su manera de comunicarse con el mundo y consigo misma. La única persona a su alrededor que entendía ese sentimiento era su madre, quien siempre había sido una talentosa artista que nunca tuvo el reconocimiento que merecía. El mundo nunca conoció sus obras, pero Lisa se las sabía de memoria y las había estudiado como si del mejor pintor se tratara.
Pero no quería preocuparla, así que nunca admitiría que sentía que se estaba quedando sin qué contar. Pasó las manos por sus ojos, tratando de eliminar ese pensamiento que le decía que se estaba quedando sin talento.
"Mañana será otro día, lo intentaremos de nuevo y saldrá mejor", era lo que tenía que repetirse a sí misma hasta quedar profundamente dormida.
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Seasons [Jenlisa]
FanfictionA veces el hogar no es un lugar, es una persona que llega sin aviso. Lisa, una joven artista con un futuro brillante por delante, viajó a Londres con el único objetivo de aprender lo más que pudiera sobre la cosa que más amaba en el mundo: el arte. ...
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