prólogo

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Lus huesos tronaban y se destrozaban como si un animal salvaje saciara su hambre con cada crujido y rechinar, la sangre se desbordaba en tablas de madera vieja aportando un tono de madera rojiza que ya tenía antes de las gotas de carmesí.

Unos guantes negros acariciaban suavemente la carne putrefacta antes de agarrarlas duramente y rasgarla buscando hacerla irreconocible para el ojo humano, un bufido saldría de los labios de aquel hombre moreno.

Alastor, podría odiar cuando alguien mastica sin cerrar la boca, alguien estornudando sin taparse la boca pero cuando se trata de sangre o tierra puede tirarse en medio de ambas y restregarse descuartizando el cuerpo de alguien que anotó en su lista de presas.

Su vida era cómoda, era un locutor de radio muy conocido y apreciado por muchos canales, tanto así que el logro tener el propio suyo, donde puede colocar las cosas que el desee un poco de jazz suave hablar sobre algún tema controversial o quizás algo que podría llamar su atención de la literatura.

Su vida era. . Perfecta, realmente lo era, si no fuera que debía un favor suelto por ahí.

De una. . Muy. .querida amiga.

Era un tema que no quería tocar, evitar tenerlo como una piedra en su cerebro y seguir con su vida.

Alastor a ignorado las llamadas de rosie por. .meses si es que no años, podía ignorar ese favor que lo mantenía con una cadena en el cuello pero no podría hacerlo por siempre.

Esa noche enterró aquel cuerpo, dejandolo bajo kilos de tierra húmeda del bosque, bastante alejado de su cabaña.

Hizo su misma rutina, limpio el suelo de la sangre, acomodo algunos huesos que habían tirados por ahí con el ritmo clásico de jazz de fondo, tarareaba con tranquila el suave toque de la música.

Esa era su vida, pasar entre micrófonos y cadáveres y era feliz, amaba su tranquilidad y vida cotidiana entre copas y muertos.

Esa noche fue movida y al día siguiente su mañana fue productiva.

Se levantó con la energía renovada, se colocó su traje de siempre, elegante, rojo con unos zapatos opacos de color negro con el peinado muy pulido y como siempre con
Ese porte elegante y varonil, llegó a su estadio de radio bastante modesta, pues tampoco era un hombre que tuviera excesos con los lujos, disfrutaba las grandes cosas como las pequeñas.

───buenos días, señor alastor.

Hablo una dama de pelo café con moño, una simple trabajadora y administradora de alastor con los programas, saludo con naturalidad.

───buenos días, querida.

La rutina era la de siempre, Preparar los aparatos de grabación, el micrófono, la zona de cancelación de sonido para evitar que la transmisión sea molestada, horas largas hablando a un micrófono, alastor amaba hablar sobre temas controversiales, ya sea el machismo, infidelidad, aborto, canibalismo, cualquier tema controversial que pudiera comentar el lo haría, pondría músicas de su agrado y disfrutaria deleitar a la gente con sus grabaciones.

Su tranquilidad era enorme.

Hasta que el descanso de turno llegó, se sentó en la sala de estar del lugar que preparó específicamente para él, tomaba un té caliente, leyendo las nuevas novedad en el periódico, viendo quizás como las desapariciones de sus propios crímenes no salían a luz y quedaban en un archivo no cerrado.

───señor.

Hablo la dama interrumpiendo su momento de paz mental asomándose por el marco de la puerta, alastor dirigió su mirada hacia ella interrogándola.

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⏰ Last updated: Dec 17, 2025 ⏰

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