El aviso

12 3 0
                                        

Habían salido del karaoke con la garganta hecha polvo y el estómago vacío.

—No puedo creer que gastamos todo en papas fritas y canciones horribles —se quejó Mary, ajustándose la chaqueta.

—¡No eran horribles! —protestó Yumeko, todavía con una energía que no coincidía con la hora—. Mi versión de Cruel Angel's Thesis fue impecable.

Ryota soltó una risa cansada.

—Impecablemente fuerte, sí. Todavía me zumban los oídos.

Itsuki caminaba un poco detrás, revisando el saldo de su cuenta en el celular con el ceño fruncido.

—Me queda menos de lo que pensé... —murmuró—. Esto no me va a alcanzar para el arriendo si seguimos saliendo así.

Sayaka escuchó eso y sintió el mismo pinchazo de realidad. Exámenes finales terminados, libertad por primera vez en semanas... y una billetera peligrosamente ligera.

Iban pasando frente a un local medio discreto, con luces cálidas en las ventanas y una cortina metálica semiabierta. Algo en la fachada no calzaba del todo con un bar común: había un logo con fichas de juego y cartas estilizadas.

Fue Mary quien se detuvo primero.

—Oigan, miren.

En la puerta, pegado con cinta transparente, había un cartel:

SE BUSCA PERSONAL PART-TIME
Turnos de noche y fin de semana.
No se requiere experiencia.
Presentarse dentro.

Yumeko se adelantó de inmediato, casi pegando la nariz al papel.

—Ooh... suena divertido.

—Suena a trabajo nocturno —replicó Ryota—. Mi mamá me mata si llego a las tres de la mañana todas las semanas.

Sayaka leyó el aviso una vez. Luego otra.
Turnos de noche. Fin de semana. No se requiere experiencia.

Podía compatibilizarlo con la universidad. Podía pagar sus cosas sin seguir pidiéndole a sus padres. Podía... respirar un poco más tranquila.

—No es tan mala idea —dijo, sorprendida de ser ella la primera en decirlo en voz alta—. Si es por turnos, podríamos organizarnos. No todos los días.

Itsuki levantó la vista del celular.

—Si pagan decente, yo entro.

Mary se cruzó de brazos, mirando la puerta entreabierta.

—¿Y si es de esos locales turbios donde terminas vendiendo tus órganos?

—Entonces al menos ya no tendríamos problemas de dinero —comentó Yumeko, sonriendo.

Ryota la miró horrorizado.

—¡Yumeko!

Sayaka dio un paso hacia la cortina metálica semiabierta. Podía oír algo de música suave adentro, vasos, voces bajas.

Sintió el estómago apretarse.
Después de los exámenes, de la presión, de no saber qué venía ahora, esa puerta se sentía como otra especie de prueba.

—Solo... preguntemos —propuso—. Nadie nos obliga a aceptar.

Yumeko se colocó a su lado, encantada.

—Si allá adentro hay juegos, yo quiero ver.

Mary suspiró, resignada.

—Está bien. Pero si terminamos en algo raro, le echo la culpa a ustedes dos.

Lounge MomobamiWhere stories live. Discover now