Miro fijamente a Ismael y acto seguido miro el mando de la tele.
Me sonríe de medio lado y corre a cogerlo.
- No vale, llevas ventaja.- Le grito cuando veo que esta apunto de agarrarlo.
Su móvil suena y frena en seco.
Aprovecho para correr yo y me lanzo en plancha sobre el sofá, haciéndome así con el mando a distancia.
- ¿Sí?- Dice mi hermano sonriendo.
- Gracias Mer.- Grito para que mi amiga mi escuche al otro lado de la línea.
Ismael me hace una mueca y me manda callar mientras camina hacia la cocina.
Feliz por mi victoria, enciendo la televisión y me entretengo hasta la hora de la comida.
Me doy cuenta de que están echando Toy Story y la dejo ya que no hay nada más interesante.
Mi móvil interrumpe la inmensa felicidad que siento al recordar la primera vez que vi esta película, fue aquí mismo, con Candela y Susana.
Desbloqueo la pantalla y la felicidad vuelve al instante.
"Jesús Ovi: Podemos cambiar algo, hoy en vez de a las once de la noche, nos vemos ahora mismo" 10:49
"Yo: Ven a por mi" 10:49
Subo corriendo a cambiarme y una vez estoy lista vuelvo al salón para seguir viendo la película.
- Estaba viendo yo la tele.- Me cruzo de brazos delante de mi hermano y este ni siquiera se digna a mirarme.
Me siento encima de él y le escucho gruñir.
- ¿Cuando llegará el día en el que madures?
- Justo el día en el que dejes de fumar.
Se que esta molesto cuando me aparta de un empujón y caigo en el sofá.
Empiezo a pasarle mi pie aún descalzo por la cara y río en carcajadas ante sus caras de asco.
En ese momento suena el timbre y voy a abrir la puerta aún riendo. Una risa que se corta al instante ante el morado e hinchado ojo de Jesús.
- ¿Qué a pasado?
- Sólo ignóralo, ¿vale?
Me pongo las sandalias que están tiradas en la entrada del día anterior y salgo.
Escucho como Jesús me habla pero no me digno a contestar.
- Chloe, ¿qué pasa?
- Oh, nada.- Le digo irónica.- Solo lo estoy ignorando.
Este bufa a mi lado y me agarra de la cintura acercándome a él.
- No tiene explicación, fue una pelea absurda, para pasar el rato. Nada más.
Suelto una gran carcajada y me deshago de su agarre.
- ¿A ti te parece esto normal? en un principio nos conocemos desde críos, pero me da la sensación de que en realidad no te conozco, supongo que nuestra amistad quedo atrás junto al Jesús niño. Porque en realidad no se si quiero esto, se que te quiero a ti, pero no quiero ni las borracheras innecesarias, ni las peleas por aburrimiento, ni tu necesidad de controlarme cada segundo del día, Jesús. Es que, a lo mejor la que tiene que estar todo el día encima de ti soy yo y no al revés.
- Me parece absurdo este sermón.
- ¿Enserio?- Siento como no puedo más y me acerco a él para empujarle, pero me retengo y todo queda en una fuerte patada a la primera farola que encuentro.- ¿Enserio?- Le grito esta vez.
Él me mira como si la cosa no fuera con él y se sienta en el bordillo.
Comienzo a caminar de vuelta a mi casa y cuando estoy apunto de abrir la puerta escucho como maldice una y otra vez. Entro y cierro dando un portazo. Una vez en el salón no encuentro a mi hermano y tampoco a sus llaves de casa, así que deduzco que una vez más, estoy sola.
Subo a mi cuarto y me pongo el pijama, lo único que me apetece es dormir.
Siempre he sentido cosas hacia él y su manera de tratarme me desconcierta. Siento que todo puede ir bien y derrepente aparece con un ojo morado y sin nada bueno que decirme.
Cuando seco mi primera lágrima, pican a la puerta y decido ignorarlo.
Entonces empiezan a llamar reiteradas veces y caigo en que es él de nuevo.
Bajo las escaleras corriendo y abro la puerta con toda la rabia que me cabe en el cuerpo.
Entonces me abraza, antes de que pueda decirle nada se abraza a mí y besa mi frente.
- Lo siento.
No le contesto, ya qué no pienso que merezca mi perdón tan rápido.
Me aparta ligeramente de él y me mira. Sonríe y empieza a hacerme cosquillas mientras me ruega que le perdone. Y yo estallo en carcajadas.
- ¡Por favor, no!
Para y tira de mi hacia una de las sillas de la cocina. Se sienta, le miro fijamente y poso mis manos en sus mejillas.
- Que tonto eres.
Y entonces le beso, no por él, por mí, porque lo necesito. Le beso como no he besado a nadie en mi vida y él me lo corresponde, lo que me provoca una amplia sonrisa, que acaba con el deseado momento.
- Te amo.- Me dice y le miro sorprendida.- Te amo, te amo, te amo, ¡te amo!- Grita.
Se levanta y coge en brazos.
- Y yo a ti Ovi.- Le digo, y me abraza fuertemente.
Ismael en multimedia.
