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📖 AVISO IMPORTANTE PARA LECTORES 📖

Esta historia contiene relaciones múltiples y complejas entre los personajes, que son un elemento central de la trama. Los ships principales incluyen:

· Adán x Eva
· Adán x Lucifer
· Lucifer x Lilith

✔ Si no te sientes cómodo/a con alguna de estas dinámicas o parejas, esta historia no es para ti. Te invitamos amablemente a buscar otra lectura de tu agrado. Cualquier comentario negativo, hate o bashing hacia las parejas será eliminado.

Nota personal : Soy una fánatica declarada de Adán. En esta historia, busco explorar y darle el amor y la profundidad que siento que merece, lejos de la visión que a veces predomina en el fandom. Asimismo, debo advertir que mi interpretación de Lilith no será favorable y se aleja de la visión más popular. Sus fans, tomen nota.

🚫 Sobre el Contenido:
Este es un relato100% libre de contenido sexual explícito. El foco está en el desarrollo emocional, el angustioso romance, los diálogos y la evolución de los personajes. Si buscas escenas de sexo, esta no será tu historia.

Dicho esto, ¡espero que quienes se queden disfruten de la lectura!






Al sexto día, Dios contempló satisfecho su creación. Desde los cielos hasta la tierra, todo había sido forjado por Él, con la asistencia de sus ángeles. Observó a los animales jugar y convivir en armonía, pero en la profundidad de su sabiduría, sintió que aún faltaba algo. Algo esencial.

«Tal vez falte otro ángel», pensó por un instante, pero inmediatamente supo que no era así. En la privacidad absoluta del universo, donde ni el sonido ni la luz podían penetrar, Dios tomó un puñado de tierra virgen del Edén. Con infinito cuidado, comenzó a moldear una figura a su imagen y semejanza. Cada rasgo fue elaborado con una dedicación y un cariño sin igual: la curvatura de los pómulos, el número de dedos, la suavidad del cabello, la proporción de los pies. Todo fue meditado con amoroso detalle.

Cuando el Padre concluyó su obra, tenía ante sí un hermoso cuerpo de arcilla. Una profunda emoción lo inundó. «Este es mi hijo», pensó con un orgullo santo y tierno. «Creado a mi imagen y semejanza. Mi primer hijo, a quien pertenecerán la Tierra y todo lo bajo el cielo.»

Dios inclinó su rostro y, con un soplo suave pero poderoso, insufló el aliento de vida en la figura de barro. Ante los infinitos ojos del Creador, se abrieron dos nuevos ojos, de un verde tan intenso y puro como los primeros brotes de la creación. El ser, al nacer, no poseía conocimiento alguno; solo existía. Y entonces, tuvo la primera reacción que definiría a la humanidad: un llanto. Un sollozo puro y desamparado que resonó en el silencio divino, igual que el de un recién nacido al abandonar el vientre materno.

Dios se conmovió hasta lo más hondo. Con manos inmensas pero de una delicadeza infinita, tomó a su hijo, lo acunó contra su pecho y acarició su cabello, murmurando palabras de consuelo hasta que el llanto cesó y Adán se quedó dormido, mecido por el ritmo eterno del corazón de su Padre.

Fue entonces cuando Dios comprendió que su hijo, a pesar de su forma adulta, era un niño en esencia. Una tabula rasa en un cuerpo de hombre, que necesitaría guía, cuidado y protección hasta que estuviera listo para asumir su destino. Por ello, llamó a su presencia al alto Serafín Será, un ángel de majestuosa belleza, de piel morena, cabello como la nieve y ojos grises como la antesala del amanecer, cuya forma irradiaba una gracia a la vez poderosa y maternal.

«Será», dijo la voz de Dios, resonando como un océano de estrellas. «Te encomiendo el cuidado más preciado. Este es Adán, mi hijo, el príncipe de este mundo. Serás su protectora, su guardiana. Velarás por su bienestar, atenderás sus necesidades y lo guiararás. Tu deber es con él y, a través de él, con toda la humanidad que vendrá.»

Luego, llamó a otros ángeles de la corte, asignándoles tareas de apoyo. Con gran solemnidad, presentó al niño dormido a sus celestes custodios. Al ver al príncipe, las alas de Será y sus compañeros se agitaron en un estremecimiento colectivo de asombro y devoción, pero también de un temor reverencial. Estaban fascinados por la belleza y la inocencia del ser, pero aterrados por la magnitud de la responsabilidad. ¿Cómo cuidarían a un humano? No tenían manual, ni experiencia. Sería prueba y error, un camino que aprenderían junto a él.

Dios acarició por última vez el rostro de su hijo y pronunció su nombre, sellando su destino: «Adán». Era la primera vez que Dios nombraba a un ser de esta manera. Luego, le susurró al oído, incluso en sueños: «Tu deber será gobernar a toda criatura viviente de la Tierra. Tú les darás nombre, y en esa palabra residirá la esencia de su ser.»

Finalmente, Dios depositó a Adán, aún dormido, en un lecho de hierbas y flores suaves del Edén, envuelto en un manto tejido con los primeros rayos del sol. Al retirarse para atender los designios eternos, dejó a su hijo al cuidado de Será y los suyos.

Al despertar, Adán se incorporó con movimientos torpes, sus ojos verdes mirando alrededor sin comprender. Al ver a Será, se quedó quieto, observando.

Será se acercó lentamente, sus alas plegadas con nerviosismo. «Paz, príncipe. Yo soy Será. Estoy aquí para… para servirte.»

Adán miró sus propias manos, luego las de ella. Abrió la boca, pero solo salió un sonido confuso. Frunció el ceño, frustrado.

«Tiene hambre», dijo un querubín, sosteniendo una fruta. «¿Se la damos?»

«¿Cómo? ¿La pelamos? ¿La partimos?», preguntó otro, desconcertado. «¿Los humanos tienen dientes para eso?»

Será, con manos que temblaban levemente, tomó la fruta. «Haremos lo que parezca correcto.» Con delicadeza, partió un pequeño trozo y lo acercó a los labios de Adán.

Él olfateó, luego tomó el alimento con sus dedos. Al probarlo, su rostro se iluminó con una sonrisa primera, maravillada. Será sintió un alivio tan enorme que casi sonríe, pero la sonrisa se congeló cuando Adán, en un gesto impulsivo, estiró la mano y tocó el borde de su ala.

El contacto fue una sacudida eléctrica de pura emoción cruda, no filtrada por ningún conocimiento. Será contuvo el aliento. Adán retiró la mano rápidamente, asustado por la reacción de ella, y su expresión comenzó a nublarse, a punto del llanto.

«No, no… está bien», murmuró Será, forzándose a calmarse. Con una valentía que le latía en el pecho, tomó la mano de Adán y la guió nuevamente hacia su ala, permitiendo que sus dedos exploraran la textura de las plumas primarias. «Es… tu guardiana. Esto es un ala. Te protegerá.»

Adán tocó con suavidad, su mirada perdiendo el miedo para convertirse en pura curiosidad. Un sonido burbujeante, casi una risa, le brotó del pecho.

Un suspiro colectivo recorrió al pequeño grupo de ángeles. La primera lección había sido aprendida, el primer vínculo, establecido. Pero Será miró los vastos jardines del Edén y luego los ojos infinitamente verdes e inocentes de su príncipe. Sabía, con certeza aterradora, que este era solo el primero de innumerables desafíos. Cuidar de un dios niño en un cuerpo de hombre sería el viaje más glorioso y aterrador de su existencia eterna. Era prueba y error, y el precio de un error podría ser la tristeza en esos ojos que ya empezaba a amar.

Pudo Ser Amor Stories to obsess over. Discover now