Misha abrió los ojos al amanecer, la luz dorada filtrándose por las cortinas de su habitación. Un día más sin Rivena. Un día más sin el calor de su abrazo, sin el sonido de su risa, sin el olor de su cabello que lo había acompañado desde siempre. A su lado, la cama seguía intacta, fría y vacía, un recordatorio silencioso de la maldición que la mantenía fuera de su alcance, 11 años habían pasado y no había un sólo día en el qué no había extrañado al amor de su vida, un amor que ni el tiempo podía romper.
Se sentó lentamente, frotándose el rostro con las manos mientras sus pensamientos se llenaban de recuerdos: aquel último beso, la promesa que jamás se rompió en su corazón. Cada mañana se levantaba con la misma rutina, pero con un vacío que no desaparecía, un peso que hacía que incluso respirar pareciera un esfuerzo.
El eco de su propia voz le llegó en un susurro, como si estuviera intentando convencerse de algo que no podía cambiar: “Rivena… te esperaré.”
No había días felices, solo momentos contados que él se permitía recordar, los abrazos robados de memoria y las sonrisas que solo existían en su mente. Con Elyndra creciendo a su lado, Misha intentaba llenar el vacío, pero cada paso de su hija recordaba la ausencia de su madre.
Se levantó, se vistió y caminó lentamente hacia el jardín privado donde descansaba Rivena, el féretro de cristal y oro brillando bajo los primeros rayos del sol. Cada mañana era igual, cada visita un recordatorio de su impotencia. Y sin embargo, mientras miraba ese reflejo, su corazón seguía firme, lleno de amor y promesas que ningún tiempo ni maldición podrían borrar.
Más tarde ,Misha caminaba junto a Elyndra. La niña, con su pelo blanco como la nieve y ojos castaños que irradiaban la calidez de su madre, corría alegremente entre las flores, su risa clara y melodiosa llenando el aire. Cada paso, cada gesto, recordaba a Rivena, y cada vez que Elyndra le hablaba de ella, Misha sentía una mezcla de orgullo y nostalgia.
Elyndra se había convertido en una niña bondadosa y cariñosa, con la curiosidad y la fuerza de su madre, y pasaba largas horas aprendiendo magia con Maelyra, quien había retomado su papel de mentora como hizo con Rivena. Misha la observaba mientras enseñaba hechizos simples, y no podía evitar sonreír ante la determinación de su hija. Por dentro, sin embargo, sentía la espera con más intensidad cada día.
Los años no habían borrado la memoria de la maldición, ni el vacío dejado por Rivena. Pero la captura de Draven y Kaela hacía tiempo que le había dado algo de paz; sus enemigos estaban encerrados, vigilados y, tarde o temprano, pagarían por lo que hicieron. Cada visita a sus celdas le recordaba que su amor y su familia estaban protegidos, y que el despertar de Rivena era solo cuestión de tiempo.
Elyndra, con su dulce voz, le hablaba de su madre, de la heroína que Rivena siempre había sido, y le contaba cómo soñaba con conocerla algún día. Misha le sonreía y la abrazaba, sintiendo cómo el corazón se le llenaba de esperanza y de un amor profundo que había crecido con los años. Mientras la niña le leía una vez más la carta que su madre le había escrito, Misha acariciaba su cabello, recordando el día en que Rivena había dejado esos recuerdos y prometiendo en silencio que haría todo lo posible para que el momento del reencuentro fuera perfecto.
La magia del hogar, la luz de la mañana y la calma de la fortaleza contrastaban con la emoción que se acumulaba en el pecho de Misha. Su esposa estaba por volver, y los 11 años de espera, dolor y sacrificio estaban a punto de terminar. Solo quedaba esperar, con paciencia, porque pronto Rivena volvería a su lado y nada volvería a separarlos.
La fortaleza estaba llena de una mezcla de expectación y nerviosismo. Misha recorría los pasillos con pasos firmes, pero cada uno llevaba consigo el peso de 11 años de espera. Elyndra caminaba a su lado, curiosa y emocionada, sosteniendo con delicadeza la carta de su madre. Cada tanto levantaba la mirada hacia él, como buscando una señal de que todo estaría bien, y Misha le sonreía, aunque en el fondo sentía cómo su corazón latía con fuerza, casi desbordado.
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Almas entre lunas (Saga Rivena)
FantasíaTras la devastadora guerra que cambió para siempre los destinos de vampiros, lobos y brujos, Rivena se enfrenta a su mayor desafío: un misterioso y antiguo mal que la sumió en un sueño de 11 años. Mientras su esposo, Misha, lucha por mantener a salv...
