Prólogo

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—¡No estás bien, necesitas medicación!— fueron sus palabras y de hecho, las últimas.

1 mes antes :

Los pasillos lucían más vacíos que nunca, mis ojos contemplaban cada detalle para no olvidarlo.

Una capucha cubría hasta casi la mitad de mi rostro, para que este no llamase la atención ni siquiera por error.

Escuché de pronto esa risa, su riza; tan exagerada y malévola, la risa que dominaba mi mente.

No miré, no le miré a pesar de que me estuviesen torturando las ganas de hacerlo.

Si lo hacía no sería bueno,para nadie.

—Oye tú, cachorrita— escuché y se detuvieron mis pies sin mi permiso—la de la capucha, te estoy hablando ¡detente!

Apreté fuertemente mis ojos mientras mi mente solo pensaba «no lo hagas, no lo escuches, no te des la vuelta».

Pero era inútil.

—¿Qué quieres?—pregunté mirando hacia el suelo de frente a ellos.

—¿Qué pasa, por qué siempre te escondes bajo esa capucha, por qué eres tan estúpidamente rara y porque estás en frente de mí ? —memoricé con exactitud cada estúpida palabra que pronunciaba Leonardo.

Su mayor virtud no era precisamente la inteligencia, pero su peor error fue fijarse en mi.

—Deberías callarte—le respondí en voz baja.

Quien iba a pensar que solo dos putas palabras iban a desatar tanta maldad.

Luego de mi respuesta seguí mi camino y detrás de mi solo se oía el bullicio de los que iban junto a Leonardo burlándose de él y su boca maldiciéndome.

La universidad no era precisamente mi lugar predilecto, a pesar de ello disfrutaba observar la vida de los demás.

Todos derrochando la fortuna de sus padres, otros poniéndose de mierdas hasta el pelo, unos un poco menos afortunados eran las mascotas de los poderosos y yo, a mí nadie me controlaba y todos deseaban saber quien era y que hacía aquí.

«Que ingenuos ellos al pensar que podían lidiar conmigo»

Mi casa definitivamente era un lujo innecesario pero que me merecía, tan grande que podría vivir una familia entera.

La hija de perra de mi madre decidió abandonarme por un hombre muy rico, tanto que me mandaba todos los meses una suma excesivamente alta.

Para que no la buscase ni le dijese a nadie que ella y yo teníamos relación alguna «igual no se lo diría a nadie es verdaderamente despreciable».

A esto se debe que yo esté en una universidad tan prestigiosa y excesivamente cara como lo es "Stanford".

Aunque en realidad soy de las mejores estudiantes de mi año.

Estar sola llenaba de felicidad mi vida, no tener que rendir cuentas, odiar y maltratar a quien desease mi oscura personalidad sin importar el resultado.

Solo había algo que me atormenta apasionadamente y ese "algo" se llamaba
«Leonardo».

Morir no era parte del plan.Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang