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Los días eran más cargados por la salida de su guitarrista, Claudio, y por el lanzamiento de su más reciente álbum: Corazones.
Un álbum marcado por su romanticismo y por los rumores, el que los llevó a viña y a muchos más reconocimientos.
Miguel, cansado de las prácticas, organizar eventos, discusiones en lo que eran las tocatas y más. Se dejó caer en la cama del hotel en donde estaban y relajó sus músculos.
Deseó quedarse más tiempo, pero ya eran como las dos de la mañana y él recién pudo tocar su cama. Se esforzó por dormir todo lo que pudiera, cosa que casi lograba si no hubiera sido por la luz que le golpeó la cara.
──¿Qué wea? ──preguntó aún con los ojos cerrados. Se apoyó en sus codos mientras levantaba su cuerpo de la cintura para arriba.
Abriendo de a poco sus párpados mientras se acostumbraba a la luz, vió a Jorge.
──¿Jorge? ¿Qué estai' haciendo tan tarde?
El nombrado se sobresaltó, y miró fijamente a Miguel. Su pelo ondulado estaba ligeramente despeinado, llevaba un pantalón negro con una polera blanca, mientras que una chaqueta de cuero descansaba en su brazo.
──¡Miguel, por la cresta! Me asustaste. ──Jorge suspiró y se puso la chaqueta, se tocó los bolsillos asegurándose que tuviera todo lo que necesitaba y sujetó la manilla de la puerta.
──Oye pero, ¿Para dónde te vas? Tení que descansar para mañana, tenemos que ensayar.
──Lo sé pero, quiero darme una vueltita, duerme nomás.
──Una vueltita nunca significa una vueltita, Jorge, puedes darte toda la vuelta a Santiago si quieres.
Jorge soltó un suspiro, su ceño se frunció pero una risita aligeró su rostro, Miguel siempre tenía razón. Era un momento difícil, para todos, pero sobre todo para él. El tema de Claudio no era algo sencillo, algo que lo llevó a caer bajo mentalmente, pero trayendo cosas positivas, como mínimo; un ejemplo era el álbum.
Miguel se acercó a pasos ligeros a pesar de tener sueño, Jorge ni siquiera levantó la vista para verlo, simplemente dejó que se acercara. Una mano suave pero firme se posó en la muñeca que tenía encima de la manilla, apartándola con un movimiento lento.
El silencio duró un rato, ninguno tuvo la intención de cortar el contacto, Miguel miró la cara cansada de Jorge, un cansancio que no tenía nada que ver con el sueño, sabía que no estaba bien, eran capas y capas de complejos como para preguntar, y Miguel no sabía si de verdad quería saber en detalle.
No sabía si de verdad quería saber de Jorge y Claudio.
Obviamente lo iba a saber, no era tonto. Un error que arruinó todo lo que construyeron, al menos una parte, la parte más importante: su amistad. No estaba enojado, era una realización resignada, ya pasó, aún siguen en pie y, no todo se desmoronó.