CAPÍTULO I - SMILE: EL VIRUS DE LA RISA

12 0 0
                                        

Todo comenzó con un olor.
Un aroma dulce, casi floral, que no debería haber estado allí.

El detective Adrian Hale, con más de doce años resolviendo homicidios, jamás había sentido un presentimiento tan pesado como el que le oprimía el pecho mientras caminaba hacia el interior de aquella vieja casa. Dos oficiales lo escoltaban; ninguno se atrevía a hablar.

La escena era peor que cualquier crimen que Adrian hubiera visto.

Los dos cuerpos estaban recostados uno junto al otro, como si hubieran muerto sonriendo... porque lo estaban.
Una sonrisa grotesca, antinatural, que les abría la boca hasta casi tocarles las orejas.
Y en esa sonrisa sobresalían gusanos blancos que se movían entre dientes podridos y carne reblandecida.

-Detective... -susurró uno de los oficiales, tragando saliva-. Estas personas... ayer estaban vivas.

Adrian lo miró como si hubiera escuchado una broma de mal gusto.

-Eso es imposible -respondió con voz baja-. El nivel de descomposición que tienen es de semanas... quizá meses.

Pero los oficiales no parecían estar mintiendo.

Antes de que pudiera analizar más, uno de los forenses llamó desde el patio trasero.

-¡Detective, venga a ver esto! ¡Dios mío...!

Adrian salió.
Y allí, creciendo como si la tierra misma la hubiera escupido, estaba una planta jamás vista: un hongo de tallo grueso, coronado por una flor roja que se abría como una rosa.
Sus pétalos respiraban, se movían, casi palpaban el aire.

-Nunca había visto nada así -murmuró el forense-. No existe en ningún registro.

Adrian sintió un escalofrío.
La flor parecía... observarlo.

---

Al día siguiente, el caos comenzó.

Una familia llamó al 911 desesperada:
un hombre extraño estaba frente a su casa, inmóvil, sangrando, con un cuchillo en la mano y una sonrisa que reptaba por su rostro como una herida viva.

Cuando la patrulla llegó, lo encontraron tal y como la familia describió... solo que mucho peor.
Los ojos del hombre eran completamente negros, y un líquido del mismo color goteaba de sus párpados.

-¡Suelta el arma! -gritó uno de los policías-. ¡No te acerques!

Pero el hombre respondió con una risa distorsionada, como si su garganta estuviera llena de agua.

Y entonces se lanzó.

Tres disparos lo tiraron al suelo.

Pero la pesadilla apenas empezaba.

El pecho del hombre comenzó a inflarse... luego a abrirse, como una flor.
Las costillas se desplazaron hacia afuera, revelando órganos negros, cubiertos de gusanos vivos.
Y en el centro, incrustado en el corazón que aún se movía, había otro hongo-flor, idéntico al de la casa.

El hongo creció.
De golpe.
Como si hubiera esperado ese momento.

Las raíces perforaron la carne y salieron al exterior.
La flor alcanzó una altura de casi dos metros y, desde su centro, una nube de esporas fue expulsada al aire como un suspiro de muerte.

Los policías cercanos comenzaron a toser... luego a reír.
Sus sonrisas se abrieron a la fuerza.
Las venas se oscurecieron.
Los ojos se volvieron negros.

Y en cuestión de segundos, la locura los consumió.

Los infectados se abalanzaron sobre civiles y compañeros, disparando sin control, apuñalando, desgarrando, torturando como si el dolor ajeno fuera un juego.
Sus risas llenaban la calle, chocando unas con otras como un coro endemoniado.

-Dios... no... -susurró Adrian mientras retrocedía.

Las esporas cayeron sobre cadáveres recientes.
Y estos se levantaron, con la misma sonrisa abierta, los ojos negros y los gusanos moviéndose bajo su piel.

Una horda se formó en cuestión de minutos.

Adrian corrió.
Corrió como nunca lo había hecho.
Vio cómo la ciudad se convertía en un infierno: personas emergiendo de casas con sonrisas imposibles, atacando a sus familias; niños llorando mientras sus padres reían; cuerpos abriéndose como flores negras.

Llegó a un edificio de apartamentos.
Golpeó puertas, desesperado.
Un hombre abrió.

-¡Rápido, entre! -dijo.

Pero un infectado salió de la esquina y lo tomó del cuello, arrastrándolo hacia la oscuridad del pasillo.
El hombre gritó.
Adrian no pudo hacer nada.

Entró y cerró la puerta con llave.

El televisor ya estaba encendido.
La presentadora de noticias temblaba mientras leía:

-Noticia de última hora. Un virus letal está provocando que las personas entren en un estado de locura homicida. Según fuentes oficiales, este virus fue liberado por un grupo terrorista. Se confirma que proviene de un hongo descubierto hace unos años, denominado... "Carriosis 1", también conocido como... el hongo de la felicidad. Se le solicita a la población que no salga de sus casas y-

La mujer gritó cuando una figura sonriente apareció detrás de ella, clavándole los dedos en el cuello.
La transmisión se cortó.

Adrian se quedó paralizado.

Los gritos en la calle eran constantes.
Risas.
Llanto.
Carne desgarrándose.

Y aquel olor dulce... ahora más fuerte...
llenaba todo el aire.

Y ese fue solo el primer día.

CRÓNICAS DEL MULTIVERSO OSCURO: TEMPORADA 2 Stories to obsess over. Discover now