Parte 1
El sol de la tarde se filtraba entre los altos edificios de la universidad, pintando de un dorado pálido las caras de los estudiantes que deambulaban por los pasillos. El murmullo de voces se mezclaba con el arrastrar de mochilas y el lejano eco de una campana, un ritmo familiar que Till, con su cabello plateado reflejando la luz como un halo, había llegado a detestar. Sus ojos, del mismo tono metálico que su cabello, escudriñaban el gentío, una chispa de irritación siempre presente en su mirada.
-No soy un Omega, no importa cuántas veces la gente se confunda por mi estatura o por la suavidad de mis rasgos. Soy un Beta -se recordaba a sí mismo con una terquedad casi violenta.
Una carcajada resonó, profunda y resonante, atrayendo su atención sin querer.
-¡Till! ¡Hey, Till! -la voz de Iván, el Alfa, era un trueno suave, cargado de calidez.
Till se giró, su expresión una máscara de indiferencia.
-Iván. ¿Qué quieres?
Una sonrisa se extendió por el rostro de Iván, revelando la punta de sus caninos.
-Solo quería saludarte, ¿es un crimen ahora? -Se acercó, su presencia envolviéndolo como una manta pesada. El aroma de Iván, un sándalo picante con un toque de tierra húmeda, siempre lograba colarse por sus defensas, desordenando sus pensamientos.
-Para ti, todo es un juego -refunfuñó Till, cruzándose de brazos, intentando ocultar el leve temblor que recorría sus músculos.
Iván se detuvo a su lado, su altura lo empequeñecía.
-No todo. Algunas cosas son... importantes -sus ojos rojos se clavaron en los de Till, y por un instante, la chispa de diversión en ellos se transformó en algo más profundo.
-¿Como qué? -espetó Till, su voz más aguda de lo que pretendía.
-Como tú -susurró Iván, y el mundo alrededor de Till pareció silenciarse.
Till se sintió arder.
-No digas tonterías, Iván. Sabes que no podemos... -la frase murió en su garganta.
-No digas eso. ¿Quién dice que no podemos? -exhaló Iván, un sonido que vibró en el aire.
-La biología -respondió Till, apenas un hilo-. La sociedad. Todo. Tú necesitas un Omega, Iván. Uno que te dé cachorros, uno que te complemente.
-No necesito un Omega -lo interrumpió Iván, su voz repentinamente dura-. Te necesito a ti.
Till apartó la mirada, su corazón latiendo como un tambor de guerra.
-Estás confundido. Es tu instinto. No es real.
-Mi instinto me grita tu nombre, Till. Siempre. Incluso cuando hay Omegas en celo cerca, mi lobo solo te ve a ti. Sus feromonas son ruido, una molestia. Tu aroma... tu aroma es la única calma, la única verdad -las palabras de Iván eran un torrente, cargadas de sinceridad abrumadora.
Till sintió una oleada de desesperación.
-No deberías sentir eso -murmuró, intentando sonar firme, aunque su voz temblaba-. No soy un Omega. No tengo celos, no puedo llevar cachorros para un Alfa. No tengo la glándula para el lazo.
-¿Y qué? -preguntó Iván, un gruñido bajo-. Los lazos se forman en el corazón, no en una glándula. Y el resto... no importa. Te quiero a ti, Till. No a un Omega genérico.
El rostro de Till se contrajo.
-Estás hablando de un cuento de hadas, Iván. Esto no es así. Tú mismo lo sabes.
-Lo sé -asintió Iván-. Y aun así, aquí estoy. Queriéndote. ¿Y tú... me quieres?
La pregunta golpeó a Till como un puñetazo.
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Bajo la Mirada del Celo
FanfictionIvan es un Alfa ejemplar. Till es Till , un Beta muy Atractivo. ¿ Entiendes el problema? Finalizada : 15 /03
