Cap 1: El accidente del café

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Capítulo 1:

El cielo estaba despejado y la ciudad tenía un aire tranquilo que hacía que el día pareciera más suave de lo normal. Sunoo caminaba con los audífonos puestos, balanceando ligeramente la cabeza al ritmo de la música. Sus labios formaban una sonrisa pequeña, casi inconsciente, y sus ojos brillaban con esa dulce energía que siempre llevaba consigo.

Empujó la puerta de la cafetería, sin dejar de tararear, cuando pasó lo inevitable.

La puerta se abrió demasiado rápido.
El chico del otro lado estaba saliendo.
Sunoo avanzó sin mirar.
Y chocaron.

El golpe no fue fuerte, pero suficiente para desbalancear al chico.
El vaso en su mano se inclinó peligrosamente.
Una gota de café salió disparada primero.

Luego otra.

Luego el café entero se derramó sobre la chaqueta del chico, su mano y parte del piso.
El vaso rodó, dando vueltas lentas antes de asentarse con un sonido triste.

—¡LO SIENTO! —exclamó Sunoo inmediatamente, quitándose los audífonos tan rápido que casi los tira—. ¡Ay no, lo siento muchísimo, en serio!

Se agachó tan rápido que casi chocó de nuevo con el chico. Tomó servilletas del dispensador, pero estas se atoraron un poco, lo cual solo lo hizo ponerse más nervioso. Sus manos temblaban ligeramente.

El chico que había recibido el café se quedó quieto, observándolo desde arriba. Alto, serio, con una expresión tan fría que Sunoo sintió que la temperatura bajó unos grados.

Era Niki.

—Está bien —respondió él finalmente, con voz baja, firme, pero totalmente distante.

Sunoo, apenado, le extendió servilletas sin mirar mucho a sus ojos.

Cuando Niki las tomó, Sunoo levantó la mirada con cuidado... y se encontró con unos ojos oscuros, intensos, que parecían analizarlo por completo.

NIKI (pensando)
¿Qué...? ¿Por qué se ve tan lindo?
No deberías parecer adorable cuando tiras café en alguien.
No pienses así, Niki. Solo fue un accidente. Cálmate.

Sunoo tragó saliva, inseguro.

—De verdad, puedo pagarte otro café... o comprarte otro... o limpiarte la chaqueta... o—

—No hace falta —respondió Niki muy rápido, tal vez demasiado.

Sunoo lo miró otra vez, con esa expresión suave que mezclaba disculpa, ternura y vergüenza.

NIKI (pensando)
No me mires así.
No me gusta esta sensación en el pecho.
¿O sí?
No. No. Definitivamente no.

—Quiero hacerlo —insistió Sunoo, con voz dulce, casi tímida.
Ese tono golpeó directamente la defensa fría de Niki.

—Está bien —cedió él, bajando un poco la mirada.

Sunoo sonrió levemente, un gesto pequeño pero cálido, y Niki sintió un tirón fuerte en el pecho.

Mientras entraban juntos a la cafetería, Sunoo se movía con esa energía suave que parecía iluminar la luz cálida del lugar. Niki caminaba detrás, intentando mantener la misma expresión fría de siempre.

NIKI (pensando)
Es solo un café. Nada más.
¿Por qué sigo mirándolo?
No mires su sonrisa.
Deja de—
Ay, ya la viste.

—¿Ese está bien? —preguntó Sunoo señalando el menú, todavía con una expresión culpable.

—Sí.
Sunoo asintió suavemente y se sentaron a esperar. Él jugaba con las mangas de su suéter, nervioso aún.

—Perdón, de verdad —repitió.

—No pasa nada —respondió Niki, cruzando los brazos para parecer más frío de lo que realmente estaba.

El silencio entre ellos no era incómodo... solo extraño. Nuevo.

—Soy Sunoo —dijo él finalmente, con una pequeña sonrisa.

NIKI (pensando)
¿Cómo puede tener un nombre que combine tanto con su cara? Qué fastidio...

—Niki —respondió él.

Sunoo repitió su nombre, suave, casi como si lo probara en sus labios.

—Niki...

El corazón de Niki dio un salto incómodo.

NIKI (pensando)
No. No me puede gustar cómo dice mi nombre. Esto es ridículo. Contrólate.

Mientras tanto, Sunoo también estaba atrapado en sus pensamientos.

SUNOO (pensando)
Ay... se ve muy serio.
Seguro lo molesté mucho.
Soy un desastre.
...Pero sus ojos son bonitos.
Muy bonitos.

El café llegó, y aunque la conversación fue torpe, había una calidez suave entre los dos que ninguno entendía.
Cuando se levantaron para irse, Sunoo lo miró con la sonrisa más dulce que había mostrado en todo el encuentro.

—Gracias por dejarme pagarlo —dijo él.

—Mmm —respondió Niki, sin saber qué más decir.

Sunoo se alejó con pasos ligeros, su chaqueta moviéndose suavemente.

Niki lo observó hasta que desapareció.

NIKI (pensando)
¿Qué fue eso?
¿Por qué siento esto?
Yo no soy así. No me pasan estas cosas.

Y mientras Sunoo caminaba calle abajo, también suspiró.

SUNOO (pensando)
Siento que... este encuentro no fue un accidente cualquiera.

El día continuó, pero algo dentro de ambos había cambiado sin que lo notaran del todo.

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