Alerta Roja

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Unos años atrás...

La adrenalina era el perfume de Jennie Kim. Sus dedos enguantados se aferraban a la cornisa del Museo de Arte de Miami, el viento salado acariciando su rostro mientras evaluaba la situación. Abajo, las luces de la ciudad danzaban como luciérnagas, ajenas al audaz plan que estaba a punto de desplegarse.

-"¿Todo listo, Kai?"- susurró Jennie a través del diminuto micrófono en su oído.

Desde una furgoneta aparcada a varias manzanas de distancia, Kai, el hacker prodigio y eterno enamorado secreto de Jennie, respondió con voz nerviosa: -"Cámaras desactivadas, Rubí. Pero recuerda, los láseres y las placas de presión son un dolor de cabeza. Ten cuidado."-

Jennie sonrió con suficiencia. -"Los dolores de cabeza son mi especialidad, Kai. ¿Señales limpias, Seung?"-

-"Como el agua, jefa,"- respondió Seung, el estratega del equipo, con su habitual tono tranquilo. -"Sin actividad policial sospechosa en un radio de cinco manzanas. Pero mantente alerta, Miami nunca duerme."-

Con una última mirada al cielo estrellado, Jennie se deslizó por el respiradero, adentrándose en las entrañas del museo. La oscuridad era su aliada, cada sombra un escondite potencial. A su lado, Minho, el experto en logística y el músculo del equipo, avanzaba con cautela.

-"Demasiadas cámaras, jefa,"- murmuró Minho, escaneando el pasillo con su visor infrarrojo.

-"Encuentra los puntos ciegos, Minho. Y recuerda, somos fantasmas,"- respondió Jennie, moviéndose con la agilidad de una bailarina. -"Kai, necesito un mapa de los sensores de movimiento en la sala principal."-

-"Enviando ahora, Rubí. Pero te advierto, esos láseres son de última generación. Ni siquiera yo podría desactivarlos a tiempo si los activas."-

-"Entonces no los activaré,"- replicó Jennie con una sonrisa que no se veía en la oscuridad. -"Minho, vigila la entrada. Si ves algo, cualquier cosa, avísame."-

Minho vaciló. -"Pero, jefa, no quiero dejarla sola."-

-"No seas ridículo, Minho. Este es mi baile, tú solo asegúrate de que nadie nos corte la música. Ahora, ¡muévete!"-

Con un suspiro resignado, Minho se dirigió hacia la entrada, dejando a Jennie sola en el laberinto de pasillos. Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, en una limusina negra que se deslizaba silenciosamente por las calles de Miami, Lisa Manoban sentía una punzada en el estómago.

-"¿Todo listo, Jisoo?"- preguntó Lisa a través de su propio comunicador.

-"Equipo listo para rodear el museo, Lisa. Pero, ¿estás segura de esto? No hay evidencia concreta de que Rubí vaya a atacar esta noche."-

-"Tengo un presentimiento, Jisoo. Y mi instinto nunca falla,"- respondió Lisa, con la mirada fija en el imponente edificio que se alzaba frente a ella. -"Apaguen las luces y prepárense para entrar. Algo no me cuadra."-

Lisa, ex gimnasta olímpica, se movía con una gracia felina, deslizándose entre las sombras con la misma facilidad que Jennie. Cada paso era medido, cada sentido alerta. Sabía que Rubí era una adversaria formidable, pero estaba decidida a capturarla de una vez por todas.

De vuelta en la sala principal, Jennie contemplaba el collar -"Ojo de Serpiente"-, una joya legendaria valorada en millones de dólares. Estaba exhibido en una vitrina de cristal, rodeado de una parafernalia de seguridad que haría sudar incluso al ladrón más experimentado.

-"Kai, ¿cómo vamos con el sistema de pesaje?"- preguntó Jennie, con los ojos fijos en el collar.

-"Casi listo, Rubí. Solo necesito unos segundos más... ¡Listo! El sistema está hackeado. Puedes tomarlo."-

Jennie sonrió. Era demasiado fácil. Demasiado perfecto. Extendió la mano para tocar el cristal, cuando una voz la detuvo en seco.

-"Impresionante, Rubí. Pero te falta un pequeño detalle."-

Jennie se giró lentamente, encontrándose con la mirada gélida de Lisa Manoban. La directora de la DEA estaba parada en el otro extremo de la sala, con las manos en las caderas y una sonrisa sardónica en los labios.

-"¿Cómo sabías que...?"- comenzó Jennie, sintiendo un escalofrío recorrer su espina dorsal.

-"¿Que estarías aquí?"- , Lisa interrumpió, sacudiendo la cabeza con una risita. -"Eres demasiado predecible, Jennie. Necesitas trabajar en eso."-

Lisa sacó un par de esposas de su bolsillo, haciéndolas tintinear en el silencio de la sala. La tensión era palpable, el aire denso con la electricidad de su rivalidad.

-"¿Lo hacemos por las buenas o por las malas, Rubí?"- preguntó Lisa, acercándose lentamente.

Jennie retrocedió, sintiendo el frío de la pared contra su espalda. Sus ojos oscuros brillaban con una mezcla de rabia y decepción.

-"¿Vas a traicionarme otra vez, Lisa?"- preguntó Jennie, su voz apenas un susurro. -"¿No volveré a confiar en ti?"-

A pesar de la fachada de frialdad, Jennie sentía que su corazón latía con fuerza en su pecho. Lisa siempre había sido su debilidad, su mayor tentación. Y ahora, una vez más, estaba a punto de caer en su trampa.

Lisa sonrió, una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. -"No eres capaz de olvidar, Jennie."- Se acercó hasta quedar a centímetros de ella, su aliento mezclándose en el aire. -"Voy a ser capaz de lo que sea con tal de demostrarle al mundo lo buena que soy en esto. ¿Y qué mejor manera que capturando a la peor ladrona que he visto?"- Su tono tenía un deje de rencor, una herida que aún no cicatrizaba.

(La historia también contaba que Jennie, antes de que Lisa la delatara, la había "engañado" con un hombre, a pesar de que Lisa la amaba profundamente. Jennie la había traicionado primero.)

En un movimiento relámpago, Jennie lanzó una patada al abdomen de Lisa. La detective logró bloquear el golpe, pero el impacto la hizo retroceder, dejándola sin aliento.

-"No quiero lastimarte, Jennie. No lo hagas difícil,"- jadeó Lisa, tratando de recuperar el aire.

Jennie se mantuvo firme, con los ojos fijos en los de Lisa. -"Esto es demasiado fácil. No pierdas tu tiempo."-

Lisa se recompuso, su mirada endureciéndose. -"Por las malas entonces."- Se lanzó al ataque, desatando una ráfaga de golpes.

Jennie respondió con la misma ferocidad. Sus movimientos eran fluidos y precisos, reminiscencias de sus años practicando taekwondo. Patadas, puñetazos, bloqueos... ambas mujeres eran expertas en combate cuerpo a cuerpo. Algunos golpes acertaban, otros eran bloqueados, pero la intensidad no disminuía.

En un intercambio simultáneo, ambas conectaron un golpe que las hizo caer al suelo. Jadeando, se miraron con furia y determinación....

La trampa de Jade Stories to obsess over. Discover now