Las luces del set titilaban con un resplandor tenue, reflejándose en los cristales del estudio de noticias, donde el aire parecía cargado de una tensión silenciosa. El entrevistador, un hombre de semblante sobrio y voz templada por los años de experiencia, se encontraba acomodando con esmero los papeles sobre la mesita de vidrio frente a él. Sus dedos se movían con la precisión de quien intenta mantener la compostura antes de adentrarse en un tema espinoso. Cuando la luz roja de la cámara se encendió, indicando que estaban al aire, cruzó lentamente una pierna sobre la otra, adoptando una postura elegante y serena, y con un dejo de gravedad en la voz pronunció:
— Como bien mencionaron mis compañeros del staff, acaba de desaparecer otro adolescente del pueblo de Grimholt. — (El murmullo que hasta entonces llenaba el estudio se desvaneció).
Tomó con cuidado su taza de té, el vapor ascendiendo en una espiral pálida que parecía danzar entre ellos, y bebió un sorbo antes de dirigir la mirada hacia el invitado que lo acompañaba esa noche: un oficial de policía, con rostro endurecido por la preocupación y el cansancio acumulado. El uniforme estaba impecable, aunque las ojeras bajo sus ojos delataban noches enteras sin descanso.
El entrevistador, manteniendo su tono medido, prosiguió:
— Tenemos con nosotros al oficial encargado de la investigación. Gracias por venir. —
El oficial asintió con un leve movimiento, juntando las manos sobre las rodillas antes de responder, su voz grave resonando en el silencio.
— Exacto — (dijo).
— Y estamos recibiendo fuertes críticas por parte de los civiles. Entendemos su frustración, pero quiero dejar en claro que estamos haciendo todo lo posible por encontrar a la pequeña Maite. Cada agente del cuerpo policial está trabajando día y noche. —
El entrevistador inclinó la cabeza, dejando que un silencio breve se instalara entre ambos. Luego, con un gesto pausado, llevó nuevamente la taza a sus labios, probó otro sorbo y, tras un suspiro apenas perceptible, formuló la pregunta que el público esperaba:
—Y dígame usted, oficial... ¿se tiene ya algún sospechoso? —
El hombre pareció debatirse unos segundos en su interior antes de contestar. Su mirada se desvió hacia el suelo, como si buscara las palabras adecuadas.
—No... — (dijo finalmente, con un tono bajo pero firme).
— No tenemos a nadie aún. Es... extraño. El método de secuestro no sigue ningún patrón claro. No sabemos cómo lo hacen, ni cuándo. Es como si... — (hizo una pausa, buscando una explicación que no encontraba).
— como si desaparecieran sin dejar rastro alguno. —
El entrevistador lo observó en silencio, percibiendo el peso de aquellas palabras. La atmósfera se volvió más densa, y por un instante el sonido del reloj del estudio, marcando cada segundo, pareció retumbar con una claridad inquietante.
El oficial continuó, bajando un poco la voz, casi en confidencia:
—Sin embargo... hay algo que nos desconcierta aún más. Hemos encontrado indicios muy leves, pero suficientes para inquietarnos. —
— de que algunos de los desaparecidos pudieron haberse marchado por su propia voluntad.. —
El entrevistador arqueó una ceja, intrigado:
—¿Por su propia voluntad? ¿Está diciendo que estos jóvenes... decidieron desaparecer? —
El oficial asintió lentamente, aunque su gesto transmitía más duda que certeza.
—Es una posibilidad. Algunos objetos personales fueron hallados ordenados con una meticulosidad extraña, como si hubieran sido preparados para un viaje. Pero ningún rastro, ni notas, ni llamadas. Solo... silencio. —
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El Circo De Los Horrores
HorrorCuando Alan recibe una misteriosa carta con un sello de cera que lo invita al Circo de los Horrores, jamás imagina el destino que le espera. Junto a un grupo de adolescentes, despierta atrapado dentro del circo, donde cada carpa es un nuevo cuarto...
