Me llamo Choi Hye-jin y mi vida es un absoluto desastre. No un desastre como las vidas de las protagonistas de las comedias románticas, del tipo "oh, qué desgraciada soy, porque, a pesar de medir uno ochenta y tener las tetas más duras y firmes de todo el país, me siento fea y algo dentro de mí me impide disfrutar de que un multimillonario, joven, guapo y con una habilidad para el sexo contra la pared que ni Thor lleno de esteroides, me quiera, me compre ropa y me regale un auto, un apartamento y un iPad, porque yo lo valgo". No, yo soy desgraciada a un nivel real.
Tengo un empleo en el que me esfuerzo mucho por un mal sueldo. En mi familia todos son más altos y más hermosos que yo, y desempeñan grandes trabajos, de esos de salvar vidas, mientras que yo solo soy abogada. Compararnos a mi hermana Seo-yeon y a mí, por ejemplo, ella ayuda a la gente yo solo las complico... pero con argumentos legales. ¿Les he contado cuanto ganó? Eso me lleva a mi segunda queja: mi apartamento. En las películas, la chica casi siempre es pobre, casi siempre camarera y casi siempre vive en el mejor barrio. ¡Ja!! En la realidad si eres de clase media tirando a baja, vives en Mapo-gu, prácticamente en Narnia...
¿Y solo por eso se queja? dirán ustedes pero...deje de preocuparme por ese tipo de cuestiones el día que volví a mi casa y vi a mi prometido tirándose con ímpetu a una pelirroja falsa sobre la barra de nuestra cocina. Lo que más me molesto fue el ímpetu, esa pequeña y beligerante palabra, porque la última vez que nosotros lo habíamos hecho había sido en la cama, con nulo esfuerzo por su parte, después de que me paseara con la lencería que me había comprado y para lo que había tenido que estar dos semanas comiendo sándwiches de queso en vez de bajar a la cafetería con los compañeros para poder ahorrar lo suficiente, y ni siquiera se molestó en hacerme llegar al orgasmo. Cuando lo descubrí con la susodicha, podría haber hecho muchas cosas, pero solo caminé hasta ellos, cogí una manzana de la encimera y me marché.
Así que actualmente ostento el rango de soltera, pero no es como mi amiga Yujin me juró que sería, según ella, los hombres y los polvos descontrolados, fuertes y sudorosos se contarían por cientos. Supongo que debí sospecharlo cuando, lo que iba a ser la primera fiesta de esa nueva etapa, acabó con las dos borrachas y disfrazadas de Blanca nieves en su apartamento.
El resto de mis problemas se los enumero en una breve lista: mi jefe, sí, ese mismo que no recuerda ni mi nombre y que no se parece en absoluto a Lee Min ho, me tiró ayer los perros, cosa que eludí con una gracia impropia de mí y que él se tomó como coqueteo y que me llevó a tenerlo lo suficientemente cerca como para, justo después de subirse el pantalón con las dos manos hasta el límite de su pronunciada panza para armarse de valor, ver cómo le brillaba la calva. Además, creo que tengo un problema con el alcohol, del que culpo a mi amiga Yujin, quien, para colmo de mis males, está muy buena, cosa que no me ayuda. El otro día le exigí que engordara diez kilos bajo amenaza de que dejaría de hablarle, porque necesito poder mirarla y sentirme mejor, pero el karma me devolvió el favor y la que engordó fui yo, dos kilos.
Mi vida actual se podría resumir en: profesional liberal, soltera, sin dinero, intentando dejar de ser fumadora, con tendencia al alcoholismo, acosada por su jefe, con dos kilos de más, que busca que alguien venga y termine con su cómica existencia, porque en cinco meses tiene que ir a la boda de su hermana pequeña, superdotada, superguapa y superfísica experimental, la ganadora más joven de la beca Sk Global Scholarship...Universo, acaba conmigo, ya
La culpa es de Hollywood, el cine romántico y los K-dramas. Me crearon unas expectativas muy altas y bonitas de lo que sería mi vida, solo que olvidaron explicarme que los multimillonarios terriblemente encantadores que conducen deportivos no se pierden en mi barrio y, de hacerlo, creo que los atracarían sin contemplaciones. Richard Gere, debería tener cuidado...
...
_ Dos minutos. Solo tengo que vestirme. Digo a mi amiga
La miro esperando a que se marche, pero no lo hace. Sí, Yujin es de esas amigas que vulnera siempre tu intimidad y tu espacio personal, con tal de chismear, si piensa que obtendrá algo para fisgonear, y todo lo hace con una indecente seguridad en sí misma... pero también te presta sus zapatos, jamás te deja beber sola y, cuando te deprimes porque tus pantalones preferidos ya no te cierran o te culpas del ímpetu de tu ex prometido sobre barras de cocina, te da el regaño que te mereces y te obliga a no cargar con la responsabilidad de cosas que no te corresponden. Además, la quiero muchísimo. Es mi persona favorita.
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Clausula 69 (JK)
FanfictionHye-jin tiene treinta años, dos kilos de más, un exinfiel y un jefe que ni recuerda su nombre. Lo que no tenía en sus planes era toparse con Jeon Jungkook, el abogado más irritante - y peligrosamente guapo - del bufete rival. Lo odia... pero su cuer...
