PROLOGO

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PRÓLOGO



SOMBRAS DEL ORIGEN



Hace 2,312 años.



El mundo de Echofall estalló en guerra.



Los elfos se proclamaron herederos legítimos del mundo y sus únicos gobernantes.



Bajo el mando de Erebuciell Astrum, señor y comandante supremo de las legiones élficas, descendieron sobre Echofall como un cataclismo viviente.



Los cielos se abrieron como heridas encendidas.



Los ríos se tiñeron de rojo.



Las montañas se quebraron ante su avance.



A los humanos los encadenaron y los obligaron a servir.



Las hadas terminaron convertidas en simples joyas vivientes, arrancadas de sus hogares para adornar las riquezas de sus conquistadores.



A los enanos los expulsaron de sus tierras y los enviaron hacia las profundidades del Abismo de Yrra.



Los dragones, capaces de alternar entre forma humana y dracónica, huyeron hacia los confines del mundo junto a los semi-humanos.



Lejos de los ejércitos, los espíritus del mundo y las criaturas demoníacas encontraron refugio en el Bosque de las Ilusiones, el único lugar donde la magia élfica no podía alcanzarlos.



Durante ocho siglos, los elfos gobernaron Echofall.



Ocho siglos en los que generaciones enteras nacieron y murieron bajo su dominio.



Sobre las nubes levantaron reinos de cristal, ciudades suspendidas en los cielos y palacios donde incluso el tiempo parecía obedecer sus órdenes.



Para quienes vivieron bajo su sombra, aquel dominio parecía eterno.



Pero ninguna eternidad sobrevive al orgullo.



Un día, un grupo de humanos fugitivos encontró refugio en las cavernas del Dragón Acorazado.



Allí encontraron a un ser envuelto en sombras.



No tenía rostro.



No tenía voz.



Y, sin embargo, de aquel ser emergió un poder capaz de destruir reinos enteros en un abrir y cerrar de ojos.



Totemano.



Con aquel poder nació la rebelión.



Por primera vez, quienes habían vivido separados por siglos levantaron sus armas bajo una misma causa.



Humanos, enanos, hadas, dragones, semi-humanos, espíritus y criaturas demoníacas unieron su odio, sus miedos y sus esperanzas para desafiar a quienes se habían proclamado dioses.



Así comenzó la Guerra de las Razas.



Un siglo de batallas incontables.



Un siglo en el que las sombras se alzaron contra la luz, los dragones incendiaron los cielos y millones de vidas fueron consumidas bajo la mirada indiferente de los dioses.



Reinos enteros desaparecieron.



Ciudades quedaron reducidas a cenizas.



Y la tierra terminó cubierta por las ruinas de un mundo que ya no volvería a ser el mismo.



Hasta que, en los llanos del Páramo, llegó el enfrentamiento final.



Erebuciell cayó.



Su muerte no fue silenciosa.



Una explosión de poder mágico devoró cientos de reinos y arrebató miles de vidas.



Cuando el estruendo terminó, Erebuciell había desaparecido.



Algunos aseguran que murió.



Otros afirman que sobrevivió y que, en algún lugar de la oscuridad, espera el momento de regresar.



Ninguna de las dos versiones pudo ser probada.



Y quizá sea mejor así.



La alianza de las razas venció.



Pero la victoria tuvo un sabor amargo.



Los elfos sobrevivientes fueron desterrados al Bosque Oscuro.



Después de aquello, nadie volvió a verlos.



O eso dicen.



Sobre las ruinas de un mundo devastado, las razas reconstruyeron sus reinos y dieron comienzo a una nueva era.



La llamaron:



El Segundo Ciclo Lunar.



Con el paso de los siglos, la guerra se convirtió en historia.



La historia se convirtió en leyenda.



Y la leyenda terminó convertida en un susurro.



Aun siglos después, cuando los bardos cuentan las historias de aquel mundo perdido, siempre repiten el mismo verso.



Un verso cuyo origen se perdió hace mucho tiempo.



Un verso que todavía hiela la sangre de quienes lo escuchan:



Las sombras de los elfos nunca mueren.


Solo aguardan.


ECHOFALL SAGAS.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora