Para siempre (Parte unica)

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⚠️ La historia contiene Angst.
🎶 Música para el ambiente. 🥹💔

El sol de la tarde brillaba sobre el circuito, reflejándose en los monoplazas con un brillo dorado

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El sol de la tarde brillaba sobre el circuito, reflejándose en los monoplazas con un brillo dorado. El rugido de los motores y el olor a combustible hacía vibrar el aire, pero entre todo ese caos y ruido, había un momento de calma, un momento de amor verdadero. En el medio del paddock se encontraban dos enamorados con sus manos entrelazadas.

—Mon amour... prométeme que después de esto iremos a cenar tú y yo, sin hablar de carreras, sin nada más —susurró Charles con una sonrisa dulce.

—Lo que pida mi dulce Ángel. Y... —se inclinó un poco, pegando su frente a la de él— te amo, Charles.

—Yo también te amo... siempre —murmuró el monegasco antes de que sus labios se encontraran en un beso suave a la vez los dedos del español se entrelazaban con los suyos.

Los motores rugieron de nuevo, y ambos se separaron con una última mirada. La carrera comenzó.
Carlos se concentró en la pista, confiado en que Charles estaba cerca. Las vueltas pasaban y todo iba bien, en la vuelta treinta y dos, algo cambió.
El freno del Ferrari número 16 falló.
Un chirrido, un derrape, y luego... el silencio más aterrador. El impacto fue brutal.

Las pantallas mostraron humo, fragmentos del auto esparcidos, y una bandera roja ondeando. Carlos, más adelante, no lo supo.

Carlos cruzaba la meta, feliz por su primera victoria, con la sonrisa en su rostro. Al salir de su monoplaza levantó los brazos, feliz, creyendo que Charles lo alcanzaría en el parque cerrado para abrazarlo, como siempre hacían independientemente de quien ganara.

Pero al voltear a ver a sus compañeros notó algo distinto. Nadie sonreía. Los mecánicos tenían el rostro apagado, los ojos húmedos.
—¿Qué pasa? ¿Por qué están así? ¡Ganamos! —dijo Carlos, confundido.

No entendía las miradas de su equipo ni el silencio incómodo que se había formado a su alrededor si habían finalmente ganado. Uno de los mecánicos, con expresión triste, se acercó y le tomó la mano.

—Carlos... —dijo con voz temblorosa—. Charles... tuvo un accidente. Está grave...

El mundo se le vino abajo. Sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Sin pensar, Carlos fue llevado al hospital, donde el amor de su vida yacía conectado a máquinas que marcaban cada respiración con un pitido constante. Charles lo miró, sus ojos rojos y llenos de amor como si supiera lo que estaba por venir.

Charles apenas respiraba, su voz era un susurro.
—Calos... acércate... —sus labios se curvaron en una sonrisa débil—. Te amo... siempre te amaré.

Carlos tomó su mano, acariciando suavemente el dorso con el pulgar. Charles, con su ultimas fuerzas levantó su mano y acarició la mejilla de Carlos, Carlos se inclinó, y Charles lo besó, un beso frágil, pero lleno de amor.

Entonces, con una respiración pausada, cerró los ojos, Y entonces... el sonido.
Esa línea continua en la máquina que lo partió en mil pedazos.

—¡No, no, no! ¡Charles! ¡Por favor! —gritó Carlos, forcejeando mientras los doctores lo alejaban.
Pero era inútil.

Un médico salió unos minutos después, con los ojos llenos de tristeza.
—Lo siento mucho... hicimos todo lo posible.

El mundo de Carlos se derrumbó. Sacó del bolsillo una pequeña cajita con un anillo, aquel que había guardado esperando el momento perfecto para pedírselo. Pero ahora todo había terminado.

Pasaron unos días y llegó el funeral. Fue silencioso, lleno de cámaras, flores y dolor. Todos los pilotos estaban allí, los familiares, Pero Carlos solo veía el ataúd.
—¿Por qué te fuiste...? —dijo con voz rota, sosteniendo la cajita en su mano—. Teníamos una vida juntos, Charles... planes, promesas..una familia que formar.

—Te amo... para siempre —susurró, depositando la cajita sobre el ataúd—. Llévatelo como muestra de que siempre serás el amor de mi vida.

Al siguiente día en el entierro cuando el ataúd comenzó a descender, Carlos se arrodilló, sin poder más.
—¡No! ¡Por favor, no! ¡Yo te necesito conmigo! —gritó, mientras lo sujetaban para impedirle lanzarse.

—¡No! ¡No, por favor! —gritó de repente, dando un paso hacia adelante—. ¡No lo bajen! ¡Déjenme verlo una vez más!

Intentaron detenerlo, pero él se soltó, cayendo de rodillas frente a la tumba abierta

—¿Por qué tú, Charles? —susurró, con la voz rota—. ¿Por qué te fuiste? Yo te necesito conmigo...

Los demás pilotos se acercaron. Lando y George lo ayudaron a levantarse, mientras Carlos seguía mirando el hueco en el suelo, con la mirada perdida, vacía.

—Te amo... —susurró, con la voz quebrada—. Te amo, Charles. Para siempre.

Solo el viento pareció responderle, susurrando entre las flores y la lluvia.
Te amo también, Carlos... para siempre.

y es que yo solita me hago sufrir

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y es que yo solita me hago sufrir.

Yo:

Yo:

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