Es veinticuatro de diciembre cuando Noah decide suicidarse.
Y sin embargo, sus planes se verán frustrados por tres espíritus que deciden aparecer... ¿son la versión mal pagada del cuento de Charles Dickens o simplemente fueron enviados para causarle...
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Era un miércoles cualquiera. Una noche fría y más oscura de lo usual.
Solo que no era una noche cualquiera.
Nochebuena, para cualquier otra persona, sería sinónimo de estar en familia repartiendo regalos navideños si tenías una familia y el presupuesto para darte ese capricho, o quizá arropado ya en la cama si al día siguiente resultaba que debías trabajar porque tu jefe no te daba el veinticinco de diciembre como descanso. O tal vez emocionado al borde de explotar si eras un niño que estaba esperando la aparición de Santa Claus en su sala de estar.
Y sin embargo, Noah no era ninguna de esas cosas.
Noah, por el contrario, tenía sus ojos fijos en el agua que se extendía bajo sus pies.
Lo había pensado una y otra vez. No había sido difícil llegar a la conclusión de que esta era la forma menos egoísta de suicidarse.
"Egoísta". Las personas siempre describían el suicidio de esa manera. No había acto más egoísta, siempre escuchaba decir a las familias dolientes en esa clase de funerales. Noah no estaba seguro si hablaban desde el resentimiento o si el dolor era tan intenso que debían buscar una forma de culpar al fallecido. Lo desconocía totalmente. Podía hacerse ideas, pero eso era todo.
Cerró los ojos, dejando que el viento le recorriera el rostro y agitara su cabello. Tragó saliva y sus brazos temblaron por sostenerse de los barandales del puente. Solo necesitaba un impulso, algo tan simple como un acto de voluntad... y entonces sería libre.
Había pensado mucho en cómo llevaría a cabo su muerte.
Escuchó una vez que morir desangrado era una experiencia surrealista, porque el cuerpo enviaba una descarga de adrenalina como hormona del estrés para aumentar la frecuencias cardíaca y, por tanto, se experimentaban muchas emociones en una sola, tanto que el dolor ni siquiera se sentía. Y sin embargo, a Noah no le gustó la idea de que la familia Anderson encontrara su cuerpo así al día siguiente, especialmente porque había concretado una reunión con ellos con la intención de que advirtieran rápido en su desaparición y su abogado se pusiera en marcha con su testamento.
Por ello también descartó muchas otras opciones. No quería nada que terminara traumando a la hija mayor de los Anderson, Lily. No era que le importara y definitivamente sabía que era irrelevante si él ya no iba a estar en este mundo; y sin embargo, Noah no quería que lo llamaran egoísta en el funeral... asumiendo que asistieran personas al funeral. De nuevo, él no lo sabría, ni siquiera tendría importancia, mas se sentía en esa necesidad.
Así que, luego de dar vueltas y vueltas sobre su plan, se decidió sobre la única opción que no sería muy traumática, que le daría una muerte considerablemente veloz y que quizá hasta dejaría dudas sobre si realmente había sido un suicidio o un accidente. A nadie le importaría hallar su cuerpo en el río, probablemente porque pasarían días antes de que lo encontraran, aun con la notificación de los Anderson de su desaparición... Noah consideró dejar una nota de suicidio, pero ¿a quién se la dedicaría? No había nadie a quien quisiera culpar, y las personas a las que querría agradecer ya no estaban aquí. Sería una nota en blanco. Al final, concluyó que era innecesaria.