La Máscara de la Obsesión (Kakashi Hatake)

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Capítulo 1: La Flor de Cerezo

El sol ya se ponía sobre Konoha, tiñendo el cielo de naranjas y violetas, pero para Kakashi, los colores del atardecer no podían disipar la sombra que lo cubría desde la muerte de Minato-sensei.
Los días eran grises, llenos de un silencio que le pesaba más que cualquier misión ANBU.
Caminaba por las calles adoquinadas, su mirada fija en el suelo, cuando un sonido inusual lo detuvo: la risa cristalina de una niña. Levantó la vista y la vio.

Era apenas una niña, no más de ocho o nueve años, con unas trenzas largas y oscuras que le daban un aire ligero. Llevaba el protector de Konoha en su cuello a punto de caerse,  y en su mano sostenía una máscara kitsune, aunque su sonrisa era mucho más abierta que la de la enigmática máscara. Estaba intentando alcanzar una rama baja de un árbol de cerezo para coger una flor, saltando con una energía que a Kakashi le pareció ajena y casi olvidada.

Por un momento, la observó en silencio. Su agilidad era notable para su edad, pero la flor se resistía. Justo cuando parecía que iba a rendirse, la niña se percató de su presencia. Sus grandes ojos oscuros se abrieron con sorpresa y un ligero sonrojo apareció en sus mejillas, como si la hubieran pillado en un acto de travesura. Rápidamente bajó la máscara kitsune, ocultando la mitad de su rostro.

Kakashi, acostumbrado a pasar desapercibido, se sintió un poco incómodo. Sin decir una palabra, se acercó al árbol. Con un movimiento rápido y sin esfuerzo, alcanzó la rama y desprendió la flor de cerezo más bonita, extendiéndosela a la niña. Ella lo miró con asombro, luego sus ojos se iluminaron de nuevo. Lentamente, tomó la flor.

Akemi:"Gracias, señor," dijo con una voz suave, pero clara, mientras se quitaba la máscara por completo para sonreírle. Era una sonrisa genuina, llena de una inocencia que le recordó a un tiempo que para él ya era lejano.

Kakashi asintió levemente, su ojo visible transmitiendo una calma que no sentía del todo. "No hay de qué," respondió, su voz un poco áspera por el desuso social. Se dio la vuelta para continuar su camino, pero escuchó su voz de nuevo.

"¡Soy Akemi!" exclamó.

Se detuvo y la miró por encima del hombro. Akemi, con la flor de cerezo en una mano y la máscara kitsune en la otra, lo miraba con una curiosidad sincera. Kakashi, tras un breve instante de duda,
dijo
Me Llamo "Kakashi"  y continuó su camino. A pesar de la brevedad del encuentro, algo en la espontaneidad y la sonrisa de Akemi había roto, aunque fuera por un instante, el muro que había construido a su alrededor. No lo sabía entonces, pero ese pequeño encuentro sería el primer capítulo de una historia que cambiaría sus vidas.

 No lo sabía entonces, pero ese pequeño encuentro sería el primer capítulo de una historia que cambiaría sus vidas

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Pasaron semanas después de aquel breve encuentro. Kakashi, inmerso en sus responsabilidades como ANBU y en la carga de sus propios demonios, apenas pensaba en la niña de la máscara kitsune. Pero el destino, o tal vez una sutil corriente de Chakra, tenía otros planes.

Un día, mientras realizaba una patrulla de rutina cerca de los campos de entrenamiento, escuchó el sonido de pequeñas explosiones y gritos de frustración. Se acercó con cautela y descubrió a Akemi. Estaba intentando lanzar shurikens a un objetivo, pero sus lanzamientos eran erráticos, y cada fallo la llenaba de una adorable pero intensa rabia. Su máscara kitsune estaba atada a un lado de su cinturón, y su frente estaba perlada de sudor.

Kakashi observó por un momento, apoyado en un árbol. Akemi era persistente, una cualidad que le recordaba a sí mismo en sus años más jóvenes, antes de que el mundo le enseñara el peso de la pérdida. Finalmente, no pudo resistirse.

"Tus pies están mal colocados", dijo, su voz emergiendo de la sombra.

Akemi dio un pequeño salto, girándose rápidamente, y sus ojos se abrieron de par en par al verlo. El sonrojo volvió a sus mejillas. "¡Señor... Kakashi!" corrigió, recordando su nombre del señor del cubre bocas  "Estaba... practicando."

Él se acercó, sus manos todavía en los bolsillos. "Lo veo. Pero tu postura te falla. El equilibrio es fundamental para un lanzamiento preciso." Con un movimiento suave, se colocó detrás de ella, sin tocarla, y con su mano guio imaginariamente la suya, mostrando la posición correcta de los pies y cómo el peso debía distribuirse. "Relaja el hombro. Visualiza el objetivo, no solo lo mires."

Akemi, al principio tensa por su cercanía, poco a poco se fue relajando bajo sus indicaciones. Siguió sus consejos, y esta vez, el shuriken voló con una trayectoria mucho más recta, clavándose cerca del centro del objetivo. Una exclamación de alegría escapó de sus labios.

"¡Lo hice!" exclamó, girándose para mirarlo con ojos brillantes.

Kakashi le dio un asentimiento casi imperceptible. "Mejor."

A partir de ese día, Kakashi se encontró, casi sin querer, con Akemi más a menudo. A veces era en los campos de entrenamiento, donde le ofrecía consejos breves y concisos que mejoraban su técnica. Otras veces, simplemente la encontraba sentada en un banco, leyendo un libro ilustrado, y él se sentaba un poco más allá, fingiendo leer su propio Icha Icha Paradise, aunque a menudo su mente divagaba hacia la pequeña figura en el banco.

Akemi, por su parte, parecía haber encontrado en Kakashi una figura silenciosa pero tranquilizadora. Aunque él no era de muchas palabras, su presencia era un ancla. Le contaba sobre sus frustraciones con el jutsu de transformación, sobre los dulces que le gustaban, y sobre su sueño de ser una kunoichi fuerte como las que veía en los libros de historia. Kakashi, para su propia sorpresa, se encontraba escuchando, ofreciendo una palabra de aliento aquí y allá, una pequeña sonrisa bajo su máscara.

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