𝑼́𝑵𝑰𝑪𝑶

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Llegar a la casa Potter no fue difícil, era la única mansión gigante que estaba escondida en el bosque. Un bosque bonito al menos.

La mansión era algo que envidiar, alta, bella, con colores rojos y llena de vida silvestre a su alrededor, una bonita cerca y además un patio lleno de flores frescas y cuidadas, el otoño la hacía ver más hogareña que nunca.

Fue entonces que se oyó un disparo.

Por dentro de la casa nada era hogareño, todos estaban reunidos en la gran sala de la mansión discutiendo en voz alta y clara, por supuesto peleaban entre ellos pero la mayoría de su irá iba para dos personas en específico.

Fleamont Potter, líder de la casa y de la familia por ser el proveedor de dinero, quien ahora mismo podía tener un paro cardíaco y a nadie le importaría por las irás, y del otro lado estaba severus snape.

Y si, señores, todo esto se trataba de ellos dos. ¿Pero, que paso?

Pues bien, veamos que es lo que gritan todos ellos.

- ¡Papá tu no puedes hablar enserio con esto! ¡Es una locura! ¡Piensa, por favor!

Ese era James Potter, personaje muy importante, hijo único del matrimonio entre Fleamont y Euphemia, un chico que lo había tenido todo desde su nacimiento.

- Pero bueno, ¿es que no puedo tomar una decisión por mi cuenta? James, por favor, acéptalo ya.

- ¡Quita esa sonrisa del carajo, snape!

- ¡Sirius!

Si, ese era Sirius Black, mejor conocido como el hermano de otra madre de James, desde el colegio habían sido inseparables y como era de esperarse no estaba de acuerdo con la noticia que estaba recibiendo.

- No hago nada.

- Oh, claro, la putita ahora no hizo nada. ¡Cínico!

- Bueno, bueno, ya. Sirius, retrocede, ¡retrocede hombre! ¡Por amor a Dios, ya!

Ese era Remus Lupin, también hijo único, y también era el único que severus sentía que tenía cerebro y más tranquilidad, eso si, no tanta estabilidad, no le demos tantos créditos.

- Dejen de gritar -pidio Fleamont, cansado-. Tomé mi decisión, no me harás cambiarla, James. Ya no.

- Pero papá...

- Señor, piénselo bien. ¿Si? No, no lo tome a la ligera.

Y ella era Lily Evans, pronto Potter, la prometida de James, severus la recordaba bien, fue su primer amiga, es más, estuvieron juntos en el mismo barrio, se conocen y ahora no son más que extraños.

O bueno, casi familia.

- ¡Bueno, ya! ¡Que se acabe este circo! -exigió Sirius, mirando a otra persona en la sala-. Esto no puede ser legal. ¡No puede!

- Lo lamento, señor Black, pero como puede ver el señor Fleamont Potter ha escrito su testamento en pleno uso de su facultad mental y estuvo dispuesto a seguir con el proceso y si, en efecto, es legal.

Toda la sala estalló de nuevo, menos severus. Severus por su lado estaba feliz, por primera vez en años había logrado lo inimaginable, caos y dolor en la familia que tanto le había jodido la vida.

Era hermoso de ver, la sonrisa no podía esconderse y siendo sincero no le importaba, ya no podían hacer nada, Fleamont había firmado y sin que el lo cambie la herencia era suya.

Toda. Ni un solo centavo para cualquiera de ellos.

- Papá, ¿estás seguro...?

- Remus, no dudes de mi. Fleamont es mi amigo, me pidió ayuda y eso hice, tu sabes mejor que nadie que si me pagan no tengo ni que preguntar, solo lo hago, hijo mío. Me duele ver qué tus intereses se mezclen con los sentimientos. No te crié así.

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𝐿𝐴 𝐸𝑁𝐹𝐸𝑅𝑀𝐸𝑅𝐴 𝐷𝐸𝐿 𝑆𝐸𝑁̃𝑂𝑅 𝑃𝑂𝑇𝑇𝐸𝑅Histórias para pegar e não largar. Descubra agora